Moonlight Serenade

De humor (In the mood) Segunda parte

Los siguientes días los alumnos de trompeta siguieron con la misma dinámica en su clase, pero el profesor comenzó a bajar un poco las críticas hacia sus estudiantes exceptuando a Maia quien la seguía corrigiendo demasiado, incluso la chica sentía que lo hacía aún más que antes. Esta presión tuvo un doble efecto en ella ya que sintió que avanzaba y que mejoraba pero empezó a tener problemas de falta de apetito al sentir un nudo en el estómago que la hacía llenarse muy rápido y dejar a un lado la comida. Esto lo empezaron a notar algunos de sus amigos en especial Andrew quien un día le preguntó:

—¿Estás bien?, no has comido nada—Ese día él se había sentado enfrente de Maia quien sólo había podido comer dos bocados de la hamburguesa que les habían dado.

—Si— le contesto— es sólo que no tengo mucha hambre.

—Deberías de comer si no te puedes desmayar en algún momento—le dijo el chico con un ligero grado de preocupación.

—Lo haré— prometió ella y decidió cambiar la conversación preguntándole— ¿y cómo te ha ido en tus clases?

—Bien, hace poco nuestra profesora nos enseñó nuevas técnicas y ejercicios que me han ayudado a mejorar mi velocidad, es fantástica —comenzó a decir el chico, esto provocó que la chica se arrepintiera de haberle preguntado al sentir envidia de lo feliz que estaba, por lo que decidió cambiar de nuevo el tema:

—Todavía no han pagado la apuesta por haber perdido— le dijo a él pero lo dijo en voz más alta para que escucharán los demás.

—Es verdad —corearon las chicas emocionadas.

—¿Cuándo van hacerlo?— preguntó Soon-Hee.

Ninguno de los chicos dijo algo ya que actuaban como si estuvieran comiendo, Maia se rió y dijo:

—wow ¿tienen miedo?—preguntó ella

—Claro que no— contestaron inmediatamente los tres chicos a la vez.

—Entonces que sea este sábado— sugirió Melany. Se miraron los tres chicos con duda pero después de asentir Andrew habló.

—si quieren, por nosotros no hay problema— mintió con mucha seguridad aunque se les notaba que no la tenía.

—OK, el sábado los vemos en la puerta de los dormitorios después de comer—les dijo Maia concertando la cita para que no huyeran. Los chicos sólo asintieron y se quedaron callados unos minutos, ya que después estaban como si nada platicando y molestando como siempre.

Después de terminar de comer Maia se dirigió a su dormitorio para practicar sola, mientras que los otros chicos se iban a una sala de práctica, en donde desde hace unos días comenzaron a juntarse para tocar todos juntos. Aunque en realidad sólo lograban tocar unos diez minutos y el resto del tiempo se pasaban platicando y jugando, por esto Maia decidió mejor irse a su cuarto y trabajar en lo que el maestro le había señalado ese día, esto lo hacía principalmente porque se sentía observada todo el tiempo. Sus sospechas de paranoia se confirmaron un poco cuando el viernes después de la clase teórica Andrew le dijo:

—Si que te tienen bien vigilada.

—¿De qué hablas? —preguntó sin saber a qué se refería.

—El maestro no dejaba de mirarnos como jugábamos y ya no puede vencerte con todos los honores—esto la sorprendió ya que todo el tiempo que ella y Andrew habían estado jugando ceros y cruces en la clase, ella sentía como si el maestro los estuviera viendo, pero había creído que era su imaginación por lo que no le dio importancia.

—¿en serio? No me di cuenta —mintió ella sin razón alguna— Lo más seguro es porque soy su peor alumna.

—si lo creo —le dijo él bromeando.

Maia sólo sonrió e intentó olvidar todo esto durante toda la tarde del viernes pero fue hasta el día siguiente cuando pudo superarlo, principamente porque su mente se enfocó en su búsqueda del señor,  así durante la mañana se dirigió de nuevo  a la dirección que tenia volviendo a tocar de nuevo a la puerta,  pero igual que la otra vez nadie apareció. La chica decidió esperar un rato afuera a ver si alguien llegaba pero no hubo nadie ni siquiera la señora de hace dos semanas, Maia temió que en realidad ya nadie viviera ahí pero a pesar de esa duda se quedó ahí durante varias horas sentada. Al pasar las horas  decidió regresar a los dormitorios donde había quedado de ver a los chicos. En el camino hacia el metro fue que se encontró de nuevo con Rebeca, quién la saludo.

—Hola, ¿viniste de nuevo?—le preguntó Rebeca a Maia.

—Si. Quise saber si ya había llegado alguien, pero todavía no hay nadie—contestó Maia.

—Qué lástima, yo tampoco he visto a nadie, por eso no te he marcado. Pero no te preocupes, yo te aviso de inmediato cuando vea algo para que ya no tengas que venir.

—Gracias, eres muy amable pero la verdad me da un poco de pena contigo. Si quieres te puedo contratar como mi investigadora privada—sugirió Maia

—No te preocupes para eso son los paisanos—le dijo la chica.

— Gracias, pero aún así me gustará darte algo o comprarte comida. Si quieres te invito un día. Hoy me gustaría pero ya tengo otros planes—insistió Maia

—No te preocupes, si quieres acepto algo hasta que puedas encontrar a la persona que estás buscando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.