Moonlight Serenade

Canta, canta, canta (Sing Sing Sing) Tercera parte

La velada continuó. Después de más de tres horas de estar ahí y que había pasado la hora del toque de queda del dormitorio, el chico decidió que era hora que él y Maia se fueran. Así se despidieron de todos quienes estaban ya un poco tomados a tal grado que comenzaban a cantar. Ambos chicos salieron del restaurante y se dirigieron a la parada del autobús, al principio no hablaron pero después ella le preguntó para romper el silencio.

—¿Así es siempre que sales con tú amigo?

—Si un poco—dijo sonriendo él. En ese momento Maia se percató que a pesar que habían estado bebiendo el chico parecía demasiado sobrio, mientras que ella se sentía un poco mareada, así que reunió todas sus fuerzas e intentó aparentar que estaba bien.

—Lo bueno es que hoy había más personas por lo cual no tuve que llevarlo a su casa — continuó el chico.

—Entonces me trajiste de excusa para zafarte de cuidarlo, y yo creía que era por buena onda—dijo ella.

Él sonrió y le contestó.

—Se podría decir que esa es la verdad.

En ese momento llegaron a la parada donde no había nadie, mientras que al camión le faltaba 20 minutos para llegar, por lo cual ambos chicos se sentaron a esperar. De nuevo hubo un momento en donde sólo hubo silencio y a comparación de horas antes la calle estaba sola ya que sólo de vez en cuando pasaba sólo un carro.

En eso él habló de una manera más solemne y seria de lo habitual:

—¿Tu amigo, fue la razón por la que ese día no tocaste tan bien como lo habías hecho?

—¿Perdón?—le preguntó ella sin entender bien a qué se refería.

—Lo lamento es que recuerdo haberte escuchado decir que hace dos semanas había sido el aniversario de la muerte de tu amigo ¿no?

En eso ella conectó con lo que le estaba diciendo.

—El día de la audición fue el día de su aniversario luctuoso de mi amigo, aunque también fallé por otra cosa— le dijo sin querer dar más detalles—Por eso fui a la playa—él no dijo nada así que ella siguió—Fui porque mi amigo murio ahogado en el mar, no se sabe si fue un suicidio o si fue un accidente, pero sucedio mientras estabamos en un viaje a la playa. Ese día me metí al mar porque creía haberlo visto, pero no previne las olas tan fuertes que había—terminó diciendo en un susurro.

—Por eso decía cosas sin sentido ese día.—concluyó él

—La verdad creo que me puse mal porque en realidad no había estado dentro del mar desde ese incidente.

—¿Por eso te pusiste muy mal el día que los llevamos a la playa?

—Si, ese día me mareé y comencé a recordar todo tan vivamente que no logré controlarme.

—Ahora lo entiendo, realmente lo lamento— dijo poniendo su mano encima de la de ella en modo consuelo— Debió de ser duro si se supone que era una amigo muy allegado a ti.

—Realmente este último año ha sido muy pesado, ha sido como un sueño— confesó y sin querer derramó una lágrima, no sabía en qué momento sus ojos se habían llenando de agua, la seco pero intento el hacerlo de forma sutil para que él no la viera, por lo que Maia volteo a otro lado y no volvió hablar.

El chico vio eso y soltó su mano levantándose y dirigiéndose hacia la calle hizo movimiento con la mano con el cual detuvo a un taxi, abrió la puerta y le hizo una señal a la chica para que entrará.

—Vamos— le dijo.

Ella se subió y se recorrió para dejarlo entrar, él cerró la puerta y le dijo unas instrucciones al conductor, quien se puso en marcha. Durante los diez minutos que duró el viaje nadie dijo nada, sino fue hasta que ya habían bajado del taxi cuando él sólo le dijo :

—Vamos—ella no reaccionó ya que no se esperaba el estar enfrente de un parque, por lo que él la tomó de la muñeca muy suavemente.

—No te voy hacer nada, es una sorpresa—le dijo sonriendo. Maia se dejó guiar y cruzaron el parque hasta llegar al final en donde estaba el río, desde ahí se podía ver los puentes cercanos que cruzaban a este.

—Wow que bonito —dijo la chica al ver ese escenario —¿qué hacemos aquí?

—Descansar un poco— le contestó él mientras se sentaba en el pasto y se recostó observando al cielo.

Maia se sentó a su lado y observó la vista de la ciudad de noche, a pesar que ese escenario ya lo había visto con los chicos, la chica lo sentía distinto, era como si todo estuviera más iluminado, y se sentía más despierta.

Él se incorporó y le preguntó:

—¿Te gusta?

—Es muy bonito

—¿No habías venido aquí?— le preguntó él.

—Al río sí, pero creo que entramos por otro lado— afirmó ella.

—Si es un río muy largo que cruza la ciudad así que puedes llegar a él por distintos lugares. Hay muchos de estos lugares que son muy bonitos, yo creó que te gustarían mucho.

— Creó que por lo que llevó viviendo aquí ya hubiera podido conocer esos lugares, pero en realidad he estado encerrada practicando todo el tiempo.

—Deberías decirle a tus profesores que te dejen en paz y que te dejen salir más—bromeó el chico.




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