Morado y Verde

Capitulo 9

“Encuéntrame detrás del colegio

D."

Mis manos sostenían con firmeza el pequeño pedazo de papel que se hallaba dentro de mi casillero. Esta mañana, luego de ingresar al colegio y llegar con sigilo a mi casillero, encontré esta nota.

Estuve un buen rato analizándola, leyéndola y releyéndola en busca de alguna trampa, pero no divisé absolutamente nada. Y mis sospechas de que se tratara de Devon eran altas.

¿Quién sino querría hablar conmigo?

No era la primera vez que recibía uno de estos, solo que, aquellas notas contenían letras que al ser leídas me hacían llorar.

¿Y si era una trampa?

En esa zona, en especial detrás del colegio, no había alma alguna a excepción de un viejo roble de casi 40 m de alto y después de él, nada. Sería presa fácil y más aún cuando ellos me habían visto cerca de Devon o más bien, a él cerca de mí.

Mis manos temblaron y en sincronía lo hizo el papel. Apreté mis puños arrugándolo y lo boté bajo mis pies, cogí con fuerza mi morral y cerré con lentitud la pequeña puerta roja de mi casillero.

Di tan solo cinco pasos en dirección a mi salón, cuando mis pies se detuvieron abruptamente y suspiré con redención, volteando para dirigirme detrás del colegio y mientras lo hacía, me preparaba mentalmente para lo que sea que me esperase allí.

Mientras caminaba, mi mano derecha acarició mi muñeca izquierda en busca de mi pulsera y no hallé nada. Sacudí mi cabeza al recordarme a mí misma en el baño y observar la sangre que salpicaba el blanco suelo.

No.

Un alivio me recorrió al ver el camino hasta la parte trasera del colegio totalmente vacía, aun así, el sentimiento de alerta seguía allí. Latente e intacto. Detuve mi andar en cuanto mis ojos repararon en el roble que descansaba tranquilamente en la soledad del lugar.

Nadie, no había nadie.

Observé confundida el lugar y con un poco de valor, me acerqué hasta el árbol y acaricié el áspero y oscuro tronco. No llevaba mucho tiempo en este colegio, pero las veces que pasé por aquí, jamás me detuve a admirar lo fuerte que el roble se veía.

—Bello ¿Verdad? —Salté en mi lugar y volteé a gran velocidad, sintiendo mi corazón palpitar contra mi pecho.

Devon rio levemente—Lo siento, no quise asustarte.

—E-está bien.

—Veo que mi nota llegó—Hizo tronar sus dedos y caminó hasta posicionarse sobre el tronco, junto a mí.

Me removí disimuladamente—Sí, lo hizo—Quité mis ojos de él y los posé en ningún lugar en concreto. A decir verdad, todo me parecía interesante de ver. Todo lo que no tenía que ver con Devon—Quieres hablar conmigo.

—Chica lista—Comentó con naturalidad—Tenemos un trabajo que hacer ¿O lo has olvidado?

Cierto. Las pinturas.

—No, claro que no—Rasqué mi nuca—¿Qué quieres que hagamos?

Se enderezó y dio unos cuantos pasos alejándose del roble.

—Conocernos.

Y a ello temía.

—Dime algo interesante, Tessa.

¿Qué?

—¿Ahora? —Devon asintió—Tengo clases y tú también.

Se encogió de hombros, restándole importancia—¿Y?

De alguna manera admiraba su falta de interés. Creo que de esa forma era más fácil sobrellevar las cosas.

Cosas malas.

Y eso me llevó a preguntarme ¿Tenía, Devon, algo malo que sobrellevar?

—No puedo saltármelas.

—Vive un poco, Tessa—Elevó su vista hacia la copa del árbol y luego hizo algo que me sorprendió totalmente. De un salto, atrapó la rama más baja del roble y trepó hasta quedar encima de mi cabeza. Lo observé desde abajo, luciendo confundida—Vamos.

¿Acaso él quería que yo...?

Negué, caminando hacia atrás.

—No.

—Oh, vamos—Acarició las hojas con lentitud—Te estás perdiendo una gran vista y eso que solo es el inicio—Tragué saliva—Toma valor y ven conmigo.

Valor.

Hacía mucho que no escuchaba esa palabra.

—Yo...

—Confía en mí, Tessa—Y por la forma en que lo dijo, supe que él no había olvidado nada de lo que había pasado hace unos días en los baños.

Dudé un par de segundos hasta que me di por vencida. Sujeté mi morral y posé ambas manos sobre el tronco.

—Salta y dame tu mano, te atraparé—Dijo seguro, mientras se acomodaba para poder sujetarme—Tú puedes.

Elevé mi mano derecha con rapidez y fue allí cuando sentí un leve tirón en mi muñeca. Hice una mueca disimulada de dolor y la bajé con lentitud.

Aún dolía.

Opté por darle mi mano izquierda y me preparé para dar un salto, lo suficientemente alto como para que Devon pudiese atraparme.

Y lo hizo.

Con algo de esfuerzo, Devon logró subirme hasta la rama en la que él se encontraba. Agitada, me sujeté de la rama y tomé asiento en ella.

Vaya, la vista era magnifica.

Hipnotizada, observé los colores del cielo y mi emoción creció al divisar un pequeño arcoíris. Este terminaba en una gran y verde estepa. Sin darme cuenta, mis labios se estiraron a cada lado de mi rostro.

Estaba sonriendo.

Después de tantas lágrimas, hoy sonreía.

Me sentía bien.

—¿Ha valido la pena? —Cuestionó Devon en medio de una sonrisa.

Asentí—Más que eso.

Él sonrió—Entonces... —Quité mi mirada del paisaje y la posé en Devon, quien me observaba con neutralidad—¿Me dirás algo de ti?

Suspiré con nerviosismo—Temo que no hay nada que decir.

—Yo creo que tienes mucho que decir—Presioné mis labios con fuerza—Cuatro preguntas y tú me das cuatro respuestas y viceversa ¿Qué dices? —Lo observé dudosa, pero al final, acepté.

Eran solo cuatro preguntas, ¿Qué daño podría hacer?

—Excelente—Dijo sonando triunfante—Veamos...Sé que eres una gran artista. He visto tus trabajos, así que, dime ¿Cuál es tú pintura favorita?

Lo pensé durante unos segundos—Los girasoles.

—Vincent Van Gogh.

Asentí—Sí.

—El saber que pintura es tu favorita, es una forma de conocerte—Explicó y sacudió la cabeza—O algo así—Sonrió y jugó con una pequeña hoja entre sus dedos—¿Qué haces cuando no hay nada que hacer?




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