Morado y Verde

Capítulo 26

—¿Podemos entrar? — Desvié la mirada de los cuadros y los fijé en mis padres, cuyas cabezas, se asomaban por la puerta.

— Queremos hablar contigo, Tessi — Añadió papá.

Asentí levemente, devolviendo la mirada donde la tenía posada con anterioridad. Oí como se acercaban a mí y tomaban asiento uno a cada lado de mi cuerpo.

Bajé la mirada.

—¿Le has añadido más detalles? — Preguntó mamá, observando la pintura de la que habíamos hablado antes de que todo esto ocurriera.

— Sí.

— Ha quedado preciosa.

Silencio.

Sabía de qué querían hablar, pero ninguno se animaba a sacar a la luz el asunto. También sabía que quién debía empezar a hacerlo era yo. Solo yo.

— Se a que han venido — Susurré — Estoy lista para hablar con ustedes.

Papá posó su mano izquierda sobre mi rodilla —Te escuchamos, Tessi. Siempre te escuchamos.

Y mientras las crudas palabras que describían cada una de las situaciones que viví por los últimos años, mamá sollozaba, dolida, rota.

Mi padre...sumido en un sepulcral silencio.

— Lo siento... — Dije luego de acabar — Lamento no haber confiado en ustedes, yo solo, tenía miedo.

— Si tan solo... — Mamá lloró — Si tan solo lo hubiese sabido — Sus lágrimas resbalan por sus mejillas — Los hubiera hecho pagar por tocarte — Clavó sus ojos en mi padre — Esto es nuestra culpa, Sam.

¿Qué?

—Nos enfocamos tanto en nuestros empleos que nos olvidamos de Tessa. Nos sumergimos en nuestra burbuja y no cuidamos a nuestra hija, Sam. ¿Qué clase de padres somos si no podemos defender y cuidar de ella?

— No fue su culpa, mamá — Refuté — Nada de esto es su culpa, ni mía. Los culpables son ellos, no ustedes. ¿Cómo podían saberlo si jamás dije nada?

—Debimos darnos cuenta — Dijo papá —Comenzaste a actuar diferente, a vestir diferente y no supimos verlo. Tal vez no en todo, pero en una mínima parte de esta historia, somos culpables.

—Yo...Jamás dije nada. Soy culpable también.

—Lo hiciste, cariño — Añadió mamá — Sin darte cuenta, al cambiar tu forma de ser, de comportarte, nos pedías ayuda. Estabas suplicando por ayuda y no pudimos verlo — Acarició mi mejilla — Eso es lo que carcome mi alma.

Entre lágrimas los abracé y ellos me encerraron en un abrazo que me consoló y alejó, al menos por ese momento, los demonios que habitaban mi mente.

Por ese momento, me permití a mi misma ser protegida.

 

 

(...)

 

Cambié la venda de mis muñecas y tomé asiento cerca de la ventana. Hacía bastante frío, el día estaba gris y el hielo se posaba sobre las hojas de los árboles.

Me gustaba.

Hacía una semana que no había asistido al colegio. Mis padres se encargaron de informarle al colegio sobre mi situación y supieron entender.

De lo demás, no sabía nada.

Cerré mis ojos y los posé en el frío vidrio de la ventana. Entreabrí mis labios y liberé un suspiro, empañándolo.

—Estás tan rota, Tessa — Murmuré a la nada.

Unos golpes, me obligaron a enderezarme. Me puse de pie y rodeé mi cama, hasta la puerta.

—¿Qué ocu...? — Me detuve y observé los grandes ojos de Ben. Sus brazos me rodearon con fuerza, sin dejarme procesar lo que sucedía — Ben.

—Chica, estaba tan preocupado.

Me alejé un poco — ¿Qué haces aquí?

Él me sonrió levemente — Vinimos a verte.

¿Vinimos?

Al parecer la confusión en mi rostro, delató que no entendía de que hablaba. Inclinó levemente su cabeza hacia la derecha y entonces, lo vi.

Estaba justo a unos pasos de nosotros. Llevaba una chaqueta gris y debajo de esta, un buzo negro con palabras blancas en el centro de su pecho "New York". Sus manos se perdían en los bolsillos delanteros de su pantalón negro.

Llevé mis ojos hasta su rostro.

— Hola — Dijo solamente.

Tragué saliva — Hola, Devon — Desde que ocurrió esa intensa escena en el hospital, no habíamos vuelto a hablar. Y lo agradecí, porque, últimamente había querido estar sola.

—¿Cómo has estado? — Ben llamó mi atención — Cuando fui a verte al hospital, ya estabas a punto de salir. Lamento no haber llegado antes.

Negué — No te preocupes — Sonreí levemente — ¿Cómo has estado tu?

— Tan bien como puedo estarlo — Se encogió de hombros —Ya sabes como es.

Asentí cabizbaja.

— Hemos venido a pintar — Esta vez, fue Devon, quién habló. Lo observé y pude notar que cargaba un bolso en su hombro izquierdo — Ben cree que puede ser liberador.

Comencé a negar pero Ben me interrumpió — Lo necesitas, Tess.

—Además, debemos terminar la pintura para el colegio — Añadió Devon, acomodando su bolso. Parecía pesado.

Sabía que intentaban distraerme. Sacarme de este agujero en el que me había envuelto.

Y permití que lo hicieran.

Al llegar al cuarto de pinturas de mi madre, Ben comenzó a recorrerlo maravillado de su talento. Con neutralidad detallé la escena, perdida en mis pensamientos.

— Cinco — Susurró a mi lado Devon. Lo observé confusa y él señaló las pinturas, en donde, mis pecas aparecían — Cinco.

Sonreí levemente.

—¿Cómo has estado?

Bajé la mirada y me abracé a mi misma — Bien.

Sus manos, tomaron las mías y con un leve impulso, me encerró en sus brazos. Me tensé al sentir su aroma pero no pude evitar abrazarlo de vuelta.

—Sabes que puedes decirme lo que sea — Murmuró en mi odio — Sé que no estás bien, Tess.

Apreté mis ojos, evitando que estos se impregnaran de lágrimas y escondí mi rostro en su pecho. Él me presionó contra sí mismo, entendiendo que no quería hablar, al menos no ahora.

— ¿Te parece si pintamos algo? — Susurró en mi oído. Asentí lentamente — Bien.

Me alejé y desvié la mirada, nerviosa.

—Ben tuvo una idea, sobre qué podemos pintar — Comentó Devon, preparando todo lo necesario — Y me pareció una buena idea, pero queríamos saber que opinas tu.




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