Mordida por error, enamorada por accidente.

CAPÍTULO 6 — Alicia vs. Google (y yo en el medio)

Después del susto mañanero, me puse una sudadera enorme que decía “No me hables” (comprada específicamente para días de resaca y malas decisiones) y nos sentamos en la sala.

Alicia tenía su teléfono en la mano, lista para hacer algo que yo sabía que iba a ser un desastre monumental:

Buscar en Google.

—Ok —dijo ella poniéndose seria—, vamos a averiguar qué te mordió.
—Alicia, por favor no—
—Calla, Elena. Esto es ciencia.

“Ciencia”, mis narices.

Se aclaró la voz como si fuera un presentador de noticias.

—Primera búsqueda:
‘Marcas de dos colmillitos en el cuello al despertar.’

Yo me tapé la cara.
Era demasiado temprano para esto.

Alicia empezó a leer en voz alta como si fuera la Biblia:

—Opciones posibles según Google:

1. Araña tropical venenosa.

2. Vampiro.

3. Polilla gigante carnívora.

4. Tu ex tóxico.

Yo la miré horrorizada.

—Alicia… Google no sabe nada.
—Shhh, sigue la investigación.

Siguió deslizando con una velocidad que daba miedo.

—Aquí dice que si amaneces con colmillos marcados, podrías estar “ligeramente muerta”.
—¿LIGERAMENTE MUERTA? —grité—. ¿Cómo vas a estar ligeramente muerta?
—No sé, Elena, ¡solo leo lo que dice!

Siguió debajo.

—Otra opción: “vampiro sexy”.
—¿QUÉ?
—Sí, mira: ‘Si la mordida fue hecha de forma seductora, puede que hayas sido visitada por un vampiro sexy en la noche.’
—Alicia…
—¿Qué?
—Google te está arruinando el cerebro.

Ella ignoró mi comentario por completo.

—Aquí dice que revises si tienes antojo de sangre. ¿Quieres sangre?
—¡NO! ¡Quiero café!
—Ok, ok… café… eso es bueno —dijo anotando cosas en una libreta que había sacado de vaya-a-saber-dónde—.
—¿Qué haces?
—Tu expediente paranormal.

La miré con los ojos bien abiertos.

—Alicia, yo no soy un Pokémon, deja de hacerme un expediente.
—No sé, Elena, ¡con esos agujeritos yo no descarto nada!

Suspiro más largo de mi vida.

Alicia siguió buscando.

—Aquí dice que si te mordió un vampiro, podrías tener síntomas raros.
—¿Como cuáles? —pregunté con miedo.
—A ver… sensibilidad a la luz…
—Siempre he odiado el sol.
—Eso es normal.
—Ok…
—Segundo síntoma: antojo de cosas rojas.
—Alicia… yo siempre quiero gelatina roja.
—Sí, eso también es normal.
—¿Ves?
—Shhh, todavía falta.

Siguió leyendo.

—“Si te sientes atraída por alguien que antes no te había llamado la atención, podría ser efecto de una mordida.”
Me quedé congelada.

Porque mi cerebro, muy traicionero él, soltó una imagen:
Corvin.

Su boca en mi cuello.
Su voz.
Sus ojos.

Pero no iba a admitirlo.
NO HOY.

—Elena… —dijo Alicia lentamente— ¿te gusta alguien ahora mismo?
—NO —respondí demasiado rápido.
—Mmmh… esa respuesta te delató.
—No me gusta nadie.
—Mentira.
—ALICIA.
—Elena.
—¡ALICIA!
—¡ELENA!

Un silencio denso cayó sobre nosotras.

Hasta que Alicia dijo:

—Se te vio en el cuello el beso, ¿verdad?
—¿CÓMOOOO? —grité—. ¡ESO NO ES UN BESO, ES UNA AGRESIÓN!

Ella abrió los ojos y soltó:

—Entonces sí fue un vampiro.
—¡QUE NO FUE UN VAMPIRO, ALICIA!
—Pues alguien con dientes largos fue. ¿Quién fue?
—¡NO SÉ!
—¿Seguro que no fue un zombi elegante?
—¿UN ZOMBIIIIIIII?!
—O un murciélago con doctorado.

Yo me tiré en el sofá y tapé mi cara con una almohada.

—Alicia, de verdad, te lo pido… PARA.
—No hasta que resolvamos tu misterio.
—¿Por qué eres así?
—Porque soy tu mejor amiga y si te conviertes en vampira yo quiero ser la primera en saberlo para hacer negocio.

Me levanté de golpe.

—¿NEGOCIO?
—Sí. Podemos vender camisetas que digan “Mi amiga es vampira y yo no”.
—Alicia…
—O “Sangre tipo O+ a mitad de precio”.
—ALICIA, ¡NO NADIE VA A BEBER SANGRE!
—Bueno, quién sabe…

Me puse a reír de puro nervio.
Ella también.

Ahí estábamos:
yo con dos agujeritos en el cuello,
Alicia con su libreta paranormal,
y ninguna idea de lo que realmente había pasado.

Nos miramos.

Yo dije:

—Esto no puede ponerse más raro.
Alicia dijo:

—Ah, Elena… siempre puede ponerse más raro.

Y yo todavía no sabía que tenía razón.




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