Mordida por error, enamorada por accidente.

CAPÍTULO 17 — Chupitos, celos y colmillos fuera.

Lo único que yo quería era irme a casa.
—No —dijo Alicia, cruzándose de brazos en plena acera—. Ni hablar.
—Alicia, no estoy bien —protesté—. Siento cosas raras, me siguen sombras, tengo sangre antigua en las venas…
—Precisamente por eso —me interrumpió—. Hoy no te vas a encerrar a pensar hasta volverte loca.
—Quiero mi cama.
—Y yo quiero que sonrías —dijo, poniéndose dramática—. Por favor. Solo hoy. Pasa el día conmigo.
Me miró con esos ojitos que usa cuando quiere salirse con la suya.
Suspiré.
—Está bien… pero nada raro.
Dos horas después estábamos entrando a un bar.
—¿Cómo llegamos aquí? —pregunté.
—Decisiones adultas —respondió Alicia—. Malas, pero adultas.
El primer chupito ardió.
El segundo calentó.
El tercero… ya no me importaba nada.
Reí.
Bailé.
Canté canciones horribles.
Por primera vez desde todo esto, me sentí normal.
Mi cuerpo seguía siendo distinto, sí, pero la música lo cubría todo. El ruido apagaba las voces de mi cabeza. Mi sangre dejó de zumbar.
—¡ELENA! —gritó Alicia—. ¡ESTAMOS VIVAS!
—¡VIVÍSIMAS! —respondí, chocando mi vaso con el suyo.
Bailábamos cuando Alicia se quedó congelada.
—No mires ahora —dijo lentamente.
—¿Qué?
—No. Mires. Ahora.
Obviamente, miré.
Ahí estaba Corvin.
Elegante. Tranquilo. Intacto.
Y con él… una mujer rubia, alta, impresionante, de esas que parecen no sudar ni bailando.
No sabía por qué, pero algo dentro de mí se apretó.
—¿Quién es ella? —pregunté, intentando sonar normal.
—Una amenaza —dijo Alicia—. Y aparentemente muy bien hidratada.
Los vi bailar.
La mano de Corvin en su cintura.
Algo se rompió en mí.
No pensé.
No dudé.
Caminé directo hacia él, lo agarré del brazo y lo hice girar.
—Hola —dije, sonriendo.
Corvin parpadeó, sorprendido.
—Elena…
Me acerqué y dejé que viera mis colmillos.
—Ups.
La mujer rubia abrió los ojos como platos.
—¿Pero qué…?
—Cuidado —dijo Alicia apareciendo a mi lado—. Esa es mi vampira.
—¡ALICIA! —dije.
—¿Qué? —respondió—. Es territorial. No la juzgues.
Corvin frunció el ceño.
—¿Has estado bebiendo?
—Mucho —respondí orgullosa.
—Esto no es un juego —dijo en voz baja.
Le agarré el cuello de la camisa.
—No me regañes en público.
Y antes de que pudiera decir nada más, lo besé.
Mi corazón se agitó como nunca.
El contacto fue eléctrico.
Sus labios eran fríos… y perfectos.
Sentí su respiración mezclarse con la mía, sentí cada detalle como si mi cuerpo hubiera subido el volumen de todo.
Mi sangre reaccionó.
Mis sentidos explotaron.
Su aroma.
Su pulso.
Su sorpresa.
Todo era más intenso. Más vivo.
Cuando me separé, Corvin me miraba como si yo fuera el peligro.
—Tenemos que hablar —dijo.
—Mañana —respondí—. Hoy no.
No recuerdo cómo salimos del bar.
Solo sé que desperté con dolor de cabeza… y una cara demasiado cerca de la mía.
Abrí los ojos.
Alicia.
Despeinada.
Maquillaje corrido.
Con cara de haber peleado con una almohada.
Nos miramos al mismo tiempo.
—AAAAAAAAH —gritamos las dos.
—¡TIENES COLMILLOS! —gritó ella.
—¡TIENES LA CARA HECHA UN DESASTRE! —respondí.
Nos miramos unos segundos.
Y luego nos echamos a reír.
—Anoche fue una mala idea —dijo Alicia.
—Sí —asentí—. Pero una muy divertida.
Me llevé una mano a la boca.
Mis colmillos seguían ahí.
—Creo que tengo que aprender a controlar esto.
Alicia se dejó caer de nuevo en la cama.
—Y yo necesito desmaquillarme… y replantearme mi vida.
Sonreí.
Porque incluso siendo vampira, incluso con caos, incluso con colmillos…
Seguía teniendo a mi mejor amiga.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.