Mordida por error, enamorada por accidente.

Capítulo 28 - Misión rescate (comprada con Prime).

Elena
Escribí el mensaje tres veces antes de enviarlo.
Lo borré dos.
En la tercera ya no tuve fuerzas para editar nada.
Alicia, estoy encerrada.
El cursor parpadeó, acusador.
Respiré hondo y seguí escribiendo. Le conté todo. Lo de Corvin. Lo de la pelea con Kael. Lo de la casa cerrándose sobre mí como una jaula elegante. Lo de la mujer rubia en la cocina.
Y sí.
También lo de la noche anterior.
El mensaje tardó exactamente siete segundos en marcar “leído”.
Luego llegaron los audios.
—¿CÓMO QUE TE ACOSTASTE CON UN VAMPIRO CASADO? —gritó su voz en el primer audio—. Elena, yo me ausento DOS SEMANAS y tú te conviertes en novela gótica erótica.
Me tapé la boca para no reír… ni llorar.
—Ok, ok —continuó en el segundo—. Respiremos. Vampiro sexy, sí. Casa de millonario oscuro, sí. Sexo intenso… lo hablaremos después. PERO ¿ENCERRADA? ¿CON OTRA MUJER AHÍ? No, no, no. Eso no es amor. Eso es drama con colmillos.
El tercero bajó un poco el tono.
—Si te amara de verdad, no te haría sufrir así. Punto. Y no me mires así aunque no pueda verte.
Sentí un nudo en la garganta.
—Voy a ir a buscarte —dijo en el cuarto audio, sin dudar.
Mis dedos volaron sobre la pantalla.
No.
Alicia, no.
Puede ser peligroso.
No sé si hay guardias. No quiero que te pase nada.
Su respuesta fue inmediata.
—Amiga… ya es tarde para el sentido común.
Suspiré.
—Pero tranquila —añadió—. Si voy a meterme en una locura, al menos voy preparada.
No pregunté qué significaba eso.
Con Alicia, nunca era buena idea.

Alicia
Ok.
Respiremos.
Tengo cero experiencia en rescates sobrenaturales, una tolerancia moderada al peligro y una tarjeta de crédito con límite sospechosamente alto.
Así que hice lo lógico.
Compré un traje de espía en Amazon.
Negro. Ajustado. Con bolsillos innecesarios y guantes incluidos.
Entrega Premium, porque si voy a morir, no voy a esperar cinco días hábiles.
—¿Quién me manda a ser leal? —murmuré mientras me lo probaba frente al espejo—. Pude haber sido la amiga que dice “huye” desde lejos.
Luego fui a ver a Marcos.
Mi amigo hacker.
El único que puede encontrar un celular aunque esté escondido en el castillo de Drácula.
—No preguntes —le dije apenas me abrió la puerta.
—No voy a preguntar —respondió—. Pero si esto termina con policías o vampiros, no te conozco.
Diez minutos después, la pantalla mostró un punto rojo.
—Ahí está —dijo—. En medio de la nada. Montaña. Bosque. Mansión cliché.
Perfecto.
Nada sospechoso.
Conduje durante horas.
Todo iba sorprendentemente bien hasta que ¡PUM!
El auto se ponchó.
—Genial —dije, bajándome—. Excelente momento para que la vida me recuerde que soy humana.
Miré el mapa.
Suspiré.
Y empecé a caminar.
El bosque era oscuro. Silencioso. Demasiado silencioso.
Cada rama que crujía me quitaba diez años de vida.
—¿Quién me manda a querer ser espía y rescatista? —susurré—. Yo era feliz viendo series.
La subida a la cima de la montaña casi me mata.
Sudor. Quejas. Cero glamour.
Pero entonces la vi.
La casa.
Grande. Elegante. Imponente.
Exactamente el tipo de lugar donde una mejor amiga definitivamente NO debería estar encerrada.
Sonreí.
—Aguanta, Elena —murmuré—. La caballería llegó… aunque sea improvisada.
Fue entonces cuando escuché el ruido.
Algo se movió entre los árboles.
Tragué saliva.
—No pasa nada —me dije—. Seguro es un...
El suelo desapareció bajo mis pies.
Caí de espaldas con un golpe seco, el corazón a punto de salirse del pecho.
El bosque volvió a quedarse en silencio.
Demasiado.




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