Mordida por error, enamorada por accidente.

Capítulo 30: El peor perro guardián del mundo

CLACK.

El picaporte de la puerta.

Las dos nos quedamos congeladas.

El cachorro también… aunque solo porque tenía tela atorada en la boca.

El picaporte volvió a moverse lentamente.

CLACK.

Sentí que la sangre me abandonaba el cuerpo.

—Alicia… —susurré.

—Ya lo vi.

—¿Y ahora qué hacemos?

Alicia me miró aterrada.

—Correr.

—Excelente plan. Muy elaborado.

La puerta empezó a abrirse.

Y nosotras salimos disparadas.

Alicia agarró al cachorro.

Yo agarré a Alicia.

Y el cachorro, emocionado, empezó a mover la cola creyendo que aquello era un juego maravilloso.

Corrimos , mientras detrás de nosotras se escuchaba una voz masculina furiosa.

No miré atrás.

No quería saber quién era.

El bosque nos recibió con viento frío, ramas moviéndose y una oscuridad horrible que parecía tragarse todo.

Alicia respiraba agitada.

—Creo… que… me estoy muriendo…

—Pues no te mueras todavía porque yo no sé regresar sola.

El cachorro corría adelante feliz, saltando sobre hojas y ramas como si estuviera en un parque.

De pronto algo sonó entre los árboles.

CRACK.

Nos detuvimos.

Alicia se pegó a mi brazo.

—Escuché eso.

—Yo también.

Otro ruido.

Más cerca.

Miramos lentamente al cachorro.

El cachorro estaba sentado… intentando atrapar una luciérnaga.

—Defiéndenos —susurró Alicia.

El cachorro la miró moviendo la cola.

—Sí —dije yo también—. Este es tu momento heroico.

El cachorro ladró.

Nos emocionamos dos segundos.

Entonces salió corriendo detrás de una mariposa nocturna.

Alicia abrió la boca indignada.

—¡REGRESA COBARDE!

Seguimos caminando rápido mientras cada sonido nos hacía saltar del susto.

En un momento Alicia gritó aterrada y se lanzó encima de mí.

—¡ALGO ME TOCÓ!

—¡¿QUÉ COSA?!

Nos quedamos paralizadas.

Luego vimos que era una rama.

Solo una rama.

La miré cansada.

—Voy a dejarte aquí en el bosque.

—No lo harías.

—Empiezo a considerarlo.

El cachorro volvió feliz… completamente embarrado.

Y olía horrible.

—¿Por qué huele como un cadáver mojado? —pregunté tapándome la nariz.

—No sé y no quiero saberlo.

Seguimos avanzando hasta que escuchamos un aullido lejano.

Nos quedamos tiesas.

Alicia tragó saliva.

—Eso definitivamente era un lobo.

Miramos al cachorro otra vez.

El cachorro se había acostado panza arriba.

—Estamos protegidas por una papa peluda —murmuré.

Alicia suspiró.

—Kael estaría decepcionado.

Eso me hizo reír nerviosamente.

Porque honestamente, el hermano hombre lobo de Corvin probablemente sí sabría sobrevivir en ese bosque.

Nosotras no.

Nosotras parecíamos dos gallinas asustadas con un perro inútil.

Después de casi morir diez veces por culpa de ramas, raíces y nuestra propia imaginación, finalmente vimos luces.

La carretera.

—¡ALICIA, LA CARRETERA!

—¡ESTAMOS SALVAS!

Empezamos a hacer señas desesperadas cuando vimos venir un auto viejo que sonaba como si fuera a explotar.

El vehículo frenó haciendo un ruido horrible.

Dentro había una viejita pequeña, sonriente… y varias gallinas.

Muchas gallinas.

Demasiadas gallinas.

La señora bajó la ventana.

—¿Qué hacen ustedes solas en medio del bosque a estas horas?

Alicia respiró profundo.

—Una larga historia.

La señora sonrió.

—Suban, suban.

Nos metimos al auto con el cachorro encima de nosotras mientras las gallinas nos observaban como si estuvieran juzgando nuestras decisiones de vida.

Y honestamente, tenían razón.

El carro avanzó lentamente.

Entonces sucedió.

Una gallina saltó al asiento de Alicia.

Alicia la miró nerviosa.

La gallina la miró fijamente.

Y le cagó el hombro.

Hubo silencio.

Yo mordí mis labios intentando no reírme.

Alicia movió lentamente la cabeza mirando la enorme mancha.

—…Quiero volver a nuestro apartamento.

No pude más.

Empecé a reír tan fuerte que me dolió el estómago.

La viejita también empezó a reír.

Hasta el cachorro ladró emocionado.

Alicia seguía inmóvil, derrotada.

—Crucé un bosque maldito… escapé de vampiros… casi me come algo… ¿para que una gallina me humille?

—Sí —respondí riendo—. Ese parece ser tu destino.

La señora terminó siendo increíblemente amable y nos dejó frente a nuestro apartamento poco antes del amanecer.

Cuando bajamos del auto, Alicia seguía oliendo horrible.

La gallina todavía la observaba desde la ventana.

Y juro por mi vida que parecía satisfecha.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.