Morgana: Corazón De Hielo

Capítulo V

Sophia corrió a toda velocidad por el pasillo, con el viento agitando su cabello mientras las armaduras a su alrededor se desfiguraban, sus viseras reflejando destellos de luz que parecían cobrar vida en una danza caótica. Cada paso resonaba en el eco de la piedra fría, pero no podía detenerse, ya que el impulso la llevaba hacia lo desconocido. Sin embargo, justo antes de llegar a la enorme puerta, un susurro profundo y familiar traspasó el aire, llamándola por su nombre.

¡Sophia! –La espada se desplazaba a toda velocidad- ¡Iré contigo, no te dejaré sola!

¡Muchas gracias!

¡Sígueme!

¿A dónde vamos? –la persiguió ella.

Si lo que debes encontrar es el corazón de hielo –comenzó a decir la espada, mientras ingresaba a otro pasillo- Entonces… debemos buscar a la Dama del Invierno, ya que ella debe de tenerlo resguardado.

¡Bien pensado! –le sonrió Sophia.

Después de subir varios pisos, atravesar algunos pasillos, revisar algunas habitaciones, desaparecer por unos cuantos pasadizos secretos e incluso huir de varias armaduras encantadas, Sophia y la espada llegaron a un amplio salón. Este lugar era verdaderamente un refugio de maravillas, ya que los enormes ventanales permitían que los débiles rayos de sol se filtraran a través de la nieve que cubría todo el paisaje exterior. Desde allí, el mundo se presentaba como un vasto manto blanco, donde cada rincón estaba adornado con un brillo helado.

Sophia, con el corazón latiendo con fuerza, se sintió abrumada por la pureza del escenario. Árboles esqueléticos cubiertos de escarcha y colinas que parecían suaves olas congeladas, era realmente un reino invernal que parecía haber sido sacado de un cuento de hadas.

De pronto, mientras Sophia se perdía en sus propios pensamientos sobre la belleza del paisaje nevado, un intenso destello iluminó gran parte del salón. La luz parecía provenir de un objeto mágico, y cuando sus ojos se adaptaron a la brillantez, ante ellos apareció una figura inquietante. Era una mujer de cabellos tan amarillos como la luz del sol, que contrastaban con el frío ambiente. Su presencia era cautivadora pero extraña. Cada rasgo de su rostro tenía una belleza inquietante que desafiaba a la lógica. Los ojos de la mujer destellaban con una intensidad casi hipnótica, llenando el ambiente con una energía oscura y perturbadora.

El vestido que llevaba era igualmente enigmático. Un elegante diseño de color blanco que caía suavemente sobre su figura, tan blanco como la nieve que cubría el territorio en invierno. Sin embargo, a medida que Sophia la observaba más detenidamente, comenzó a sentir un escalofrío recorrer su espalda. La mujer no traía consigo ni esperanza ni luz, había algo en su mirada que sugería poder y malicia, ya que era una bruja, y Sophia sabía que su llegada significaba algo mucho más siniestro y peligroso de lo que nunca antes se había imaginado. El aire se volvió más pesado y tenso, como si el mismo salón estuviera conteniendo el aliento ante la revelación de su verdadera naturaleza.

¡Valla… valla! –Dijo la dama del Invierno, mientras los observaba con desprecio- ¡Miren lo que tenemos aquí! -dibujó una retorcida sonrisa en su pálido rostro- una desdichada alma que ha sido encerrada en el interior de una inútil espada –luego posó sus ojos sobre la joven- y una dulce y hermosa jovencita que vino a buscar su propia perdición –soltó una suave risita- ¡No te verías mal en forma de taza… o una tetera de porcelana!

Si alguien en este salón conseguirá su propia perdición por los actos de maldad que ha cometido, será usted –soltó Sophia con odio.

¡Mocosa insolente! –Gruñó la bruja- ¡¿Quién eres tú para venir a mis dominios y hablarme de esa forma?!

El rostro de la bruja se ensombreció un poco, como si una sombra profunda se apoderara de su ser. Una poderosa energía comenzó a extenderse por todo el salón, envolviendo el ambiente en un aura densa y oscura, que hacía estremecer a todos los presentes. El aire se volvió aún más pesado, y un escalofrío recorrió la sala, advirtiendo que algo ominoso estaba por suceder.

¡Una chica que conoce el dolor y el sufrimiento por la pérdida de una madre! –La voz de Sophia estaba cargada de furia y determinación- ¡Pero que aun así se aferra al amor que un día tuvo y que seguirá teniendo! –dio un paso al frente- ¡Y usted, no lo seguirá impidiendo!

¡Eres una…! –Intentó decir, pero sus palabras se desvanecieron en el aire, mientras hacía aparecer una reluciente varita mágica- ¡Lo pagarás muy caro! –con un movimiento ágil de su varita, la bruja dejó escapar un intenso destello que iluminó el salón con un resplandor sobrenatural. En cuestión de segundos, la luz se condensó y comenzó a formar la silueta etérea de un monstruo, cuya figura era apenas visible a causa de la iluminación. Poco a poco, la figura tomó forma, creciendo en tamaño y densidad hasta transformarse en una bestia gigante, helada como el hielo- ¡Acaba con ella! –ordenó justo antes de desaparecer en medio de una nube negra.

¡Sostenme con fuerza, y prepárate para luchar! –gritó la espada, mientras se acercaba a Sophia.

¡Pero… yo… nunca…! –trató de decir la chica.

¡No te preocupes, yo estoy contigo!

Sophia se aferró al mango de la espada con tal intensidad, haciendo que el dolor en sus dedos se volviera insoportable, mientras cada pulsación de su corazón resonaba como un tambor en su pecho. El nerviosismo y el miedo invadieron su cuerpo, paralizándola momentáneamente mientras sus ojos se aferraban a la imagen aterradora de la enorme bestia que avanzaba hacia ellos. Con cada paso que daba, el suelo temblaba ligeramente, y un aire helado se filtraba entre ellos, como si la misma esencia del invierno estuviera a punto de devorarlos.




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