Morir por verte vivir

★Prólogo★

—Papá, quiero llegar a casa rápido— removí el asiento de mi papá dándole un patada por atrás.

Estaba sentada en los asientos de atrás sola. Mis padres estaban ocupados hablando por teléfono.

Me acerque a una de las ventanas abiertas del auto. Puse mis dos antebrazos sobre el borde y apoye mi barbilla en ellos.

🎶🎶

El viento removia mi cabello liso castaño, mirando hacia las calles soliadas y el camino rodeado con árboles verdes, y unas cuantas personas en los centros comerciales que estaban alrededor.

—¡No, no puedo hacer ese trabajo! — mi papá se quejo con el teléfono pegado en la oreja, sostenía el teléfono con su hombro,(Ya saben. levantó un hombro y lo presiono contra su oreja) y con las dos manos aferradas al volante — ya no tengo más nada que decir al respecto. Buenas tardes.

Con una mano agarro su teléfono y lo tiro con furia hacia los pies de el.

—¡¿Creen que pueden despedirme y luego me llaman para pedirme ayuda con unas cuentas de la empresa?!. Eso si es un descaro — protesto con el ceño fruncido.

Al mismo tiempo me gire para verlo por el retrovisor, sus ojos brillaban de furia. Levantó la mirada y me observó.

—No te preocupes, cariño— pude ver como sus ojos se achinaron al sonreirme.

Papá ya estaba un poco viejo; esas arrugas al sonreír que se le marcaba al rededor de su boca. Esas mini arrugas que se le formaban al rededor de sus ojos verdes. Ese cabello amarillo ya estaba perdiendo su color con unas canas disparcidas por doquier.

Mientras que mi madre parecía una adolescente; maquillada. Bien vestida. Y todo el tiempo con el teléfono en la mano viendo tiktoks.

—Que lindas flores — miró una floristería qué estaba al otro lado de la calle.

Seguí su mirada y localicé esa floristería. Estaba repleta de flores; tulipanes, rosas, dientes de león. Estaba adornada con tulipanes al borde de la puerta, con rosas en las esquina de las ventanas de vidrios.

El auto se detuvo al respetar el semáforo en rojo.

Al otro lado estaban las flores, solo tenia que cruzar la calle llena de autos. Los autos pasaban como sonic, podía sentir el viento cuando pasaban al lado del auto de papá.

Inés.

—Amor la familia Torres, nos invitaron a celebrar el cumpleaños de su hijo Adrián.

—No creo que podamos asistir — se negó. Tenía el codo encima del borde de la ventana y con su dedo índice se limpiaba el ojo izquierdo.

—¡¿Por que no?¡ — me removí furiosa en el asiento volteandome hacia el — tengo tiempo que no salgo a fiestas. Desde que Clara nació.

—No podemos ¿okey? — exclamó enojado, entornandome una mirada furiosa — esa familia es muy rica y de seguro solo nos quieren invitar para humillarme ya que yo no acepte su trabajo hoy.

Mi mirada decepcionada lo hizo mirar hacia afuera del auto esperando que el semáforo se pusiera el verde. Mire para la floristería y vi a una niña tan linda y tan angelical. Una sonrisa se asomo en mi rostro amargo.

La niña tenía un vestido de flores largo, el cabello liso castaño, piel blanca y le calcule unos 10 años.

—Que linda — seguí mirándo a la niña que estaba de espalda comprando unas flores. Sostenía en su mano derecha unas tulipanes blancas. Se volteo y me dejo a la vista se rostro.

—¡Claraaa! — exclame agarrando el borde de la ventana con las dos manos. Mis ojos se abrieron tanto que casi se me salen.

—¿Clara? ¿Dónde? — preguntó un poco distraído Victor, volvió la vista hacia mí.

Me quite el cinturón lo más rápido que pude y abrí la puerta.

El semáforo se cambió a verde.

Ella comenzó a salir de la floristería brincando como caperusita roja con las flores en la mano.

Los autos comenzó a sonar, les interrumpí el paso algunos. Incluso, algunos se detuvieron muy cerca de mi.

—¡Clara quédate ahí!— gritó victor saliendo también del auto.

Clara.

No escucho lo que mis papás intentan decirme y sigo caminando como una niña feliz con un ramo de flores para mi mamá.

Las caras de mis papás estaban aterrorizadas. Mi mamá por su parte, me señaló con sus dos manos qué retrocediera. De repente no entendí porque comenzó a correr como una atleta profesional.

Sin darme cuenta ya estaba a la mitad de la calle. Escuché a lo lejos un auto como presionaba su corneta para que me apartara.

Gire mi cabeza y una camioneta negra venia a toda velocidad hacia mi dirección.. bueno yo estaba en su dirección.

Quedé perpleja, mis piernas me fallaban, mis manos comenzaron a temblar, hasta se me cayeron las flores.

—¡Claraa!— escuche los gritos de mi madre al otro lado de la calle.

Me voltee hacia ella, mi mirada le transmitió pánico, miedo, temor y de repente un golpe fuerte me interrumpió y caí más allá de lo esperado. Mi pecho me dolía demasiado, sentí como si me estuviesen arrancando el corazón.

Desde ese día mi corazón no volví hacer el mismo. No volvió a funcionar como antes. Ahora tengo que buscar otro corazón para mí.

Ahora soy una carga para mi familia.




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