Morir por verte vivir

Capitulo 1

★1/ Conociéndonos★.

—Clara, ya son las siete y media de la mañana — comentó mi madre entrando a mi habitación.

Me queje y apreté los ojos aún dormida.

—Vamos, cariño — se sentó al lado de mi, haciendo que el colchón se hundira un poco.

—Mamá— me salio esa palabra con mi voz mañanera. Estiré todo mi cuerpo para poder despertarme bien.

—Vamos hay que ir al hospital— colocó su mano encima de mi espalda tensa.

Me voltee y la observé con los ojos llenos de lagañas — no. No quiero ir — me negué y al mismo tiempo sentándome en la cama — siempre vamos y nos devolvemos peor — mi voz amarga hizo estallar un silencio entre mi madre y yo.

— me llamaron — me fulmino una mirada de alegría — ¡dijeron que ya tienen un corazón nuevo para ti! — brinco un poco sobre el colchón, emocionada por esa llamada.

No me sorprende para nada esa llamada. Hace 10 años que estamos en lo mismo; tienen un corazón nuevo para mi, pero llegan otras personas con dinero y lo compran.

Me he esperado diez años para que me operen del corazón y ser una adolescente normal.

Que pueda correr.

Que pueda sentir emociones.

Que pueda comer todo lo que quiera.

Que pueda ser yo de antes : esa niña que corría en campeonatos, que comía dulces, y que podía sentir emociones sin que le diera un dolor en el pecho.

Desde ese día, mi vida cambió muchísimo.

Me han cambiado de instituto dos veces en menos de seis meses ¿por que? Por que a las creídas se les ocurría la magnífica idea de estar asustandome para que me diera un dolor en el pecho. Me hacían bullyn solo por tener un corazón débil.

—Cool — sonrió y al mismo tiempo levantó ambas cejas en forma de ánimo. No obstante, mi ánimo se escuchó entre dientes y desanimado.

—Cariño — rodó un poco más su cuerpo hacia mi y me agarro de las dos mejillas con dos manos de porcelana — se que hemos pasados por mucho ¿okey? Pero confiemos en Dios.

—Amén — asiento, con mis mejillas entre sus manos.

—¿Vamos? — señaló mi closet de ropa que estaba al lado de mi cama, un poco más lejos de mi cama, porque al lado de mi cama tenía una mesita de noche con unos libros y cuadernos rayados por mi.

—solo con una condición — levanté mi dedo índice — ¿me has preparado mi desayuno favorito?— pregunto entornando los ojos con una mínima sonrisa en mi rostro.

— Por su puesto— exclamó, y se levantó de un brinco — te lo serviré de inmediato— volteo y en menos de unos cuatros segundos había abandonado mi habitación.

Impulse mi cuerpo para poder poner los pies sobre el suelo cálido y frío de mi habitación. Camine hasta mi closet y para acompletar mi cabello parecía un nido de pájaro. Rebusque entre mi ropa.

La verdad me costaba mucho decidir que ropa me podría para ir al hospital. Pase varios minutos en ese plan, hasta que entre mis manos se me cruzaron un vestido; un poco ajustado en el torso, largo hasta los tobillos, de color blanco con flores de colores por todos lados.

Pues que les digo. Esos vestidos son mis favoritos y esos son los únicos que me pondría.

Tire el vestido a la cama, me incline en el closet y en la parte más profunda me conseguí con mis zapatillas blancas con un lazo en la parte de alante y las deje al lado de mi cama.

Salí de mi habitación y el olor de la comida de mi mamá llegó hasta mis pulmones.

—Tu madre parece una chefs profesional— comentó mi papá pasando por mi lado. Se dirigía a la cocina con una sonrisita de oreja a oreja.

—¿Parece? — pregunto frunciendo el ceño con un sonrisa — es una chefs profesional.

Papá se volteo y me lanzó una sonrisita y me guiño el ojo.

Al lado de mi habitación estaba el baño. Solo di unos pocos pasos y ya estaba dentro de el.

Deshice la pijama que tenia encima. Abrí la regadera y el agua estaba fría.

Generalmente no puede tener contacto con el agua fría o caliente. Con el clima frío o caliente.

El agua fría se deslizaba por todo mi cuerpo lentamente. En mi cabeza cantaba la canción cinnamon Girl de lana del rey. Sentí un dolor en mi pecho. El mismo que sentí el día del accidente hace 10 años.

Inés.

—¡¿Clara?! — toco la puerta— el agua está muy fría ¿Cierto?. No te bañes con esa agua, espera a que este en temperatura ambiental.

No respondió.

—Claraa— volví a tocar— ¿me estas escuchando? — pegue mi oreja a la puerta.

— ¿Que pasa? — llegó Victor con un pan en la mano.

—Clara esta ahí dentro y el agua está muy fría— respondí con preocupación.

—Clara, cariño — Victor tocó la puerta un poco más fuerte que yo.

Un ruido llegó a mis oídos y a los de víctor lo cual nos hizo mirarnos con cara de pánico.

Lleve mi mano rápidamente hacia la cerradura y la abrí de inmediato.

Me quedé en shock.

—¡¿Clara?!— víctor soltó el pan que tenía en sus manos y corrió hacia ella.

Clara estaba tirada convulsionando el suelo del baño. Parecía un perrito con fría, tenía los labios pálidos y el cuerpo temblando con una mano en su pecho tratando de mantener la respiración.

Víctor agarro la toalla y cubrió todo su cuerpo para luego cargarla entre sus brazos un poco cansados.

Mientras tanto yo me quedé en medio de toda la puerta pasmada.

—¡Inés enciende el auto! — exclamó víctor con la voz quebrada y con la respiración agitada.

No reaccioné.

—¡Inés! — su pecho subía y baja. Tenía los ojos de par en par mirándome — ¡reacciona!.

Cerré los ojos y removí la cabeza para reaccionar mejor.

—Okey — en mis ojos se acumularon un par de lagrimas amenazando con salir.

Me gire rápidamente y corrí. Busque las llaves en la mesita que estaba en la sala, las agarre los más rápido que pude con mis manos temblandome y con la vista borrosa.

Abrí la puerta principal y baje unos cuatros escalones para dirigirme hacia el auto, el cual estaba estacionado a unos metros. Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitían y llegue a el. Encendí el motor y respondió de inmediato. Lo acerque un poco más hacia la entrada. Víctor salió corriendo con Clara entre sus brazos, el estaba pálido la verdad.




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