Morpho Azul -Las crónicas de mi maestra-

Un día como cualquier otro

Hoy iniciaba una nueva rutina para aprender a invocar al espíritu del Aire, así que me dispuse a buscar un lugar apropiado: salí de casa y me detuve frente al marco que rodeaba la gran puerta de madera, que se ubicaba a la entrada principal de mi hogar; respiré profundo y pude observar que era un hermoso día, la energía del viento rozaba mi cara mientras veía las hojas caer, mientras describían un baile sin fin... mi cabello fue velozmente movido por una impresionante ráfaga de viento que provenía del norte, tomé mi cabello dorado y lo aparté de mi rostro, mientas divisaba un lugar para comenzar mi entrenamiento diario. Caminando un poco por el gran jardín que recorre mi casa, encontré un árbol que había sido cortado, me percaté de que no hubiera ninguna astilla que pudiera lastimarme y, al rozarlo con mi pequeña mano, éste se encontraba finamente pulido y con el borde tallado haciendo una especie de banco. 
-¡Qué raro!- 
Tengo catorce años viviendo aquí y nunca lo había notado...
Golpeando mi frente con mi mano…
-" qué clase de aprendiz soy"-
No sé siquiera lo que hay en mi propia casa... Subí un pie y, apoyándome de las manos, subí el otro pie hasta quedar encima; mi vestido violeta de tirantes cruzados se abrió cual flor de campanilla morada, mientras me sentaba cruzada de piernas. Bajé la mirada y vi que había ensuciado mis pies; otra vez había olvidado las sandalias, pero me daba mucha pereza ir y buscarlas. Además, mi maestra tenía ya cuatro meses de haberme dejado. Era la única que me podría regañar por andar descalza en el jardín... Decidí no darle más importancia para poder continuar mi entrenamiento, mientras meditaba al son del amanecer con mis manos posadas una encima de la otra. Cerraba mis ojos azules buscando un poco de concentración. Poco a poco sentía como los espíritus se acercaban cada vez más escuchando mi petición: éstos seres son de espíritu libre, así que realmente es muy difícil hacer que se acerquen cuando uno quiere... siempre piden algo a cambio, criaturas tan escurridizas solo pueden hacerle la competencia a los espíritus del agua, si no se tiene una buena concentración, es muy difícil captarlos. Bueno, éste es mí día a día, me llamo Alison Forest y tengo catorce años, vivo en un pequeño bosque en las afueras del pueblo Aesti, y a pesar de que me he mantenido muy bien estos últimos meses, realmente extraño a mi querida maestra. La verdad no sé porque se fue y me dejo aquí sola....Vivo con la esperanza de que regrese pronto, pero siento que ya ha pasado mucho tiempo y me tiene preocupada. Lo único que me dijo fue que esperara su regreso, pero aún no sé nada de ella. Allá afuera hay muchos peligros y aunque ella es muy fuerte temo que le haya pasado algo malo. En ese preciso momento siento un dolor en mi cabeza. Alguien me había halado el cabello, bueno, me equivoqué, por andar de distraída los espíritus del aire me jugaron una broma. Creo que dejaré de invocar a estas nefastas criaturas, (-por ahora-). Cuando me propongo entrar a la casa, escucho un galopar muy rápido que se va acercando cada vez más y más.... los espíritus se quedarían boquiabiertos de mi velocidad al encerrarme en la casa. Recuperé fuerzas para asomarme a la ventana, ya que no recibíamos visitas, y a la gente del pueblo no le caíamos muy bien. Me asomé por la ventanita de la cocina que daba hacia el patio, en ese momento vi un hermoso unicornio blanco parado en frente: los ojos me brillaron como un par de soles al ver a esa criatura tan espectacular y, junto a él, una mujer. Al comienzo no me percaté... pero cuando me fijé bien, ya sabía perfectamente quien era… mi maestra.



Niky

Editado: 05.06.2018

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