Mortum: El Palacio De Los Vampiros (libro 1)

Cap. 21. Entrenamiento (Parte 2)

—¡Mierda! —Steve y Danisha soltaron los troncos y comenzaron a correr cuando Steph abrió sus ojos y una amalgama de diferentes colores, todos ellos aperlados, brillaron en su rostro.

Märah quería un poder, pues bien, ahí estaba ese poder.

Stephanie estaba consciente, sintió una corriente electrificarle hasta el último de sus cabellos y bañarle la visión en tonalidades rojas y negras. Vio perfectamente el flujo de la sangre en los humanos y una extraña y misteriosa energía morada que corría en Alexa; y una extraña energía verde que corría en el sistema, pero sobre todo, en la cabeza de Niar. Olió el aroma de Alexa incluso cuando ésta cargaba su collar de parafina, crisantemos y azaleas. Y en alguna parte de las montañas, percibió la fuerza de la verbena.

—¡Los troncos, Stephanie! ¡Concéntrate en los troncos!

Aquello había sido lo más sencillo del entrenamiento, pues al dejar que su fuerza trabajara por sí sola, ella solo tuvo que determinar qué tronco deseaba lanzar y éste salió volando y partiéndose en dos cuando chocó contra una de las rocas predestinadas.

—Increíble, ¡lo lograste! —le gritaron y aplaudieron.

—Siguiente ejercicio. Detener cosas.

Stephanie brillaba de alegría, y a pesar de que ahora su extraña mirada sería el blanco principal de muchas preguntas, a ella no le importó.

—¿Cómo se supone que vamos a hacer esto? ¿Qué va a pasar si no puede detenerlos?

—Oh, creme Steve, por supuesto que los va a detener.

—¿Por qué estás tan segura?

—Porque vamos a ocupar a la única persona de nosotros que jamás lastimaría.

El silencio no duró mucho tiempo, pues al ellos entender de quien estaban hablando, sus miradas y una cruel sonrisa se dirigieron hacia el pobre chico que ni idea tenía de lo que estaba a punto de suceder.

—¡Ah, no! Ni lo sueñen —Stephanie se opuso—. Eso es llegar muy lejos y no pienso dejar que pongan a Alejandro en peligro.

—¡Ah, claro! —Danisha refunfuñó— Ahora sí les parece una buena idea, pero cuando mencioné lo de Niar, Alexa me revolcó en el lodo y Derek casi me tira un colmillo.

Pero cuando todos se dieron vuelta, Alejandro corría por el bosque.

—Danisha —Steve la miró—. ¿Vas tú, o voy yo?

—Creo que incluso Niar lo alcanzaría corriendo.

Y así fue, pues cuando Stephanie pudo verlo, el chico yacía envuelto y siendo arrastrado por los energéticos brazos de Steve.

—¡¿Por qué tengo que ser yo?! ¡Ella quiere más a Steve!

Entre sogas, risas y bromas que resultaron demasiado lúgubres, pronto Alejandro terminó siendo atado a la firme corteza de un enorme árbol que aún permanecía de pie.

—Deja de lloriquear. Stephanie no podrá matarte.

—¿Y ustedes por qué no intentan esto?

—¡Porque yo ya estoy muerta! ¡JA, JA, JA, JA, JA! ¿Entendieron? ¿No, nadie? —a veces más que comedia, la risa de Danisha sonaba como un verdadero grito de tortura.

—Bien, alejémonos. Alejandro, mucha suerte.

—¡¿Suerte!? ¡No me puedo mover!

Todo estaba listo y Stephanie comenzaba a prepararse con los atormentadores recuerdos de su madre, la muerte de su padre y la frustración tan grande que sintió cuando Märah le narraba sobre la muerte y tortura de todas esas pobres criaturas.

—¡Aaaaaaaaaaaaaah! ¡STEPHANIE! —el grito de Alejandro la devolvió a la realidad.

Ella sacudió la cabeza y observó cómo Steve y Danisha sujetaban el enorme tronco unos metros antes de que cayera sobre el muchacho.

—¡Lo siento! ¡Alejandro, yo no…!

—¡No te disculpes! —Danisha levantó la voz—. ¡Mejor piensa en lo que sucederá si no lo controlas! ¡Concéntrate!

—¡Tú puedes, amor! —Alejandro, ya fuera por miedo o por confianza, también se hallaba lanzándole porras.

Una vez más, Stephanie se preparó. Colocó sus ojos directo en el tronco que debía lanzar y entonces lo arrojó con la fuerza que una ráfaga de aire movió con violencia los demás árboles. Steve y Danisha estaban listos para detenerlo, pero afortunadamente fue ella misma quien lo detuvo y lanzó hacia otra dirección del bosque.

—¡Esooooo!

Así se pasaron todo el resto de la tarde. Finalmente y cuando el estómago le gruñó a Derek, decidieron que ya era momento de marcharse.

—¿Te parece si cenamos algo antes de irnos? —Steve le golpeó el hombro.

—No creo. Me gustaría ir al Palacio para contárselo a Märah. Sé que se pondrá muy feliz de escucharlo.

—Solo ten cuidado con Selem.

—Lo tendré. Los veo mañana.

—¡Adiós, Stephanie!

Cuando Stephanie cruzó la torrencial catarata de agua, ya no pudo verla de la misma forma, pues ahora una hermosa historia llena de magia y un enorme sacrificio la envolvía. Cuando sintió la brisa en su pelo pensó en Magnus, cuando evocó su poder pensó en Zacarías, y cuando penetró en su olor, volvió a pensar en Magnus y en esa imponente fuerza que había logrado acabar con él.




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