Mortum: El Palacio De Los Vampiros (libro 1)

Cap. 24. El poder de las pesadillas (Parte 1)

-Está pasando algo verdaderamente extraño. En la parte trasera de la casa está lloviendo, pero en esta ventana no.

—Tranquilo, es Alexa que está practicando los cuatro elementos —Stephanie le sonrió.

—Y al parecer está controlando muy bien el agua. ¡Qué horror! ¡¿Por qué no te cubres con algo?! —Danisha se tapó los ojos cuando vio a Alejandro en calzoncillos.

—Perdón, no sabía que andar desnudo en mi propia casa era un delito.

—¿Sí sabes que viéndote así solo me dan ganas de clavarte mis colmillos…?

—Danisha —Stephanie le gruñó.

Los chicos habían decidido tomar un descanso antes de decidir qué harían con sus vidas. Todos habían llegado a un acuerdo mutuo, y es que comenzarían a tomar decisiones después de que Stephanie fuese nombrada Mandata del palacio. Aquella mañana, Danisha, Steve, Derek, Edwin y Stephanie estaban en casa de Alejandro mientras Alexa practicaba su magia en el patio que daba hacia Vermont.

Steve bajó las escaleras, con Derek y Edwin siguiéndole el paso y en la misma desnudez que estaba Alejandro.

—¿Alguien sabe en dónde se ha metido Niar?

—No. Tiene días que está medio raro —respondió Edwin a la pregunta de Steve.

—¿Raro? Rarísimo. Ayer lo vi sacando algunas cosas de su casa, pero cuando le pregunté qué estaba haciendo, me dijo que pensaba vender algunas baratijas —terció Derek.

—¿Vender? —Steve frunció el ceño—. Niar nunca ha vendido sus cosas.

—Tal vez necesite dinero —Alejandro se encogió de hombros, tomó un cuenco de cereal vacío y subió las escaleras en busca de más.

Casi enseguida Alexa entró corriendo.

—¡Oigan! Un cuervo vino y dejó esto.

—¿Qué es eso? —Stephanie retiró el sello forjado en oro y abrió el sobre.

Yo, Anetta Märah Roximén, por el don del primer Mandato Carpathia, por elección y por nombramiento, gran reina de Mortum, señora del palacio soberano, poseedora de la muerte y emperatriz del sexto reino.

Con el fin de prevenir el abominable destierro de calma y alteración en el orden, convoco a todo vampiro existente a la ceremonia de nombramiento que se llevará a cabo en el gran palacio de la muerte y sus exilios.

El palacio de los vampiros se rige en el respeto y poder.

—No puede ser. Los vampiros mandaron a hacer invitaciones.

—Oye, no te quejes. Al menos son educados.

—Hay un problema —Stephanie recogió fuerzas para hablar. Apretó la invitación contra su pecho y miró hacia las escaleras con la esperanza de que Alejandro no bajase en ese mismo momento—. Los humanos no pueden entrar a la ceremonia.

—Es decir que Niar y yo…

—No podrán ir, Alexa. Lo lamento.

Pero entonces, Alejandro bajó corriendo, los vio a todos en reunión y quiso saber qué estaba sucediendo.

Por fortuna, Stephanie alcanzó a esconder el sobre.

—¿Qué está pasando? ¿De qué me perdí?

—De nada importante —le respondió ella—. ¿Sabes qué? Creo que iremos a buscar a Niar. Estamos preocupados y queremos saber algo de él, ¿verdad, muchachos?

Todos la observaron en silencio, pero finalmente apoyaron su mentira.

—Alejandro, te vemos luego.

Aquella noche Stephanie pasó una zozobra tormentosa, ruin y cruel. Se deslizó sobre el alfeizar de su ventana y se dirigió al bosque. Sabía que faltaban solo unas pocas horas para que amaneciera y la Ceremonia de Nombramiento se llevara a cabo. Sin embargo, la mentira con Alejandro la estaba llevando a una gran parte de su tormento.

Todo estaba claro. Hoy se lo diría.

Ella acudió a la casa en Vermont, llamó a la puerta y casi enseguida Danisha le abrió la puerta.

—¿Qué haces aquí? — Stephanie le preguntó sorprendida.

—Fui a buscarte a tu casa y estaba vacía.

—Pasé al bosque por… Danisha, no has respondido mi pregunta.

—Alejandro nos ha llamado. Al parecer está muy entusiasmado con ir a la Ceremonia. No supe qué decirle con respecto a eso.

—Entonces ¿no le has mencionado nada sobre la entrada?

—No. ¿Se lo piensas decir tú?

—Tengo que. Me odiará el resto de su vida por esto.

—Steph —Dani la sujetó del brazo—. Piensa muy bien en lo que vas a hacer. Yo ya te he dado mi punto de vista, pero antes que nada, soy tú mejor amiga, y quiero tu felicidad.

—Dani…

—Mi consejo es que no lo conviertas. Seré lo más dura posible porque te quiero y te respeto sobre todas las cosas, pero una relación así, no va a durar la eternidad que él está soñando. Él tiene una fantasía, y tú tienes una realidad.

Danisha se hizo a un lado para dejarla pasar.

Apenas Alejandro la vio, se lanzó sobre ella mostrándole el arreglado traje de gala que ni en la graduación se atrevió a utilizar. Alexa, Derek y Edwin también estaban ahí, pero no estaban arreglados porque ellos ya sabían la verdad.




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