Mounstros En Cacería

Capítulo 8: La paranoia compartida

​☆࿐ཽ༵༆༒ ᴍᴏᴜɴsᴛʀᴏs ᴇɴ ᴄᴀᴄᴇʀɪ́ᴀ ༒༆࿐ཽ༵☆

El día siguiente comenzó exactamente igual que el anterior. La misma luz fría, el mismo hambre voraz al despertar y la misma mesa redonda cargada de proteínas. Se suponía que la rutina debía darnos seguridad, pero a mí me hacía sentir como una pieza de relojería dentro de un mecanismo que no comprendía.

Me serví un poco de carne, evitando mirar a la cámara que parpadeaba en la esquina superior del techo. El silencio era la norma, hasta que Alba, que apenas había probado su comida, dejó los cubiertos sobre la mesa. El sonido del metal contra la madera atrajo nuestras miradas.

—¿Ustedes también lo sienten? —preguntó Alba en un susurro, mirando de reojo hacia la puerta donde los guardias hacían guardia.

—¿Sentir qué? —contestó Tyler, aunque su mano se detuvo antes de llevarse una paleta de limón a la boca.

​—Que no nos están entrenando —continuó ella, y esta vez su voz llegó directamente a nuestras mentes con un eco sutil—. Siento sus ojos en mi nuca todo el tiempo. No es la mirada de un maestro, es la de alguien que espera que cometamos un error para... para apretar un botón.

Dakota soltó una risa amarga y se cruzó de brazos, hundiendo los hombros.

—No eres la única, pajarito. Ayer, mientras practicaba con el fuego, noté que los guardias no miraban mis llamas. Miraban el monitor de mi ritmo cardíaco. Quieren saber cuánto aguantamos antes de rompernos.

—Son científicos, no soldados —intervino Zack, con esa calma gélida que me ponía los pelos de punta—. Para ellos somos variables en una ecuación. Nos vigilan porque tienen miedo de que el "experimento" se vuelva contra el creador.

Tiffany asintió, golpeando rítmicamente la mesa con los dedos.

—A mí me obligan a gritar hasta que pierdo la voz. Y cuando lo hago, no me preguntan si estoy bien. Me preguntan cuánto tiempo tardo en volver a emitir un sonido. Solo les interesan los datos.

Miré a mis compañeros. Éramos desconocidos unidos por una tragedia que no recordábamos, pero en ese momento, la paranoia nos volvió hermanos.

​—Igna dice que somos voluntarios —dije yo, bajando la voz al mínimo—. Pero si yo acepté esto, ¿por qué siento que esta habitación es una celda más que un cuarto? ¿Por qué la ropa tiene números y no nuestros nombres?

—Porque no somos personas para ellos, Odette —concluyó Tyler, perdiendo por un momento su habitual carisma—. Somos activos. Inversiones de la OHM.

El silencio volvió a caer sobre la mesa cuando la puerta se abrió. El guardia entró, golpeando su rifle contra el marco de la puerta.

—Se acabó el tiempo. Al Patio.

Nos pusimos de pie al unísono. No nos dijimos nada más, pero algo había cambiado. Ahora, cuando mirábamos a las cámaras, ya no lo hacíamos con confusión. Lo hacíamos con la certeza de que estábamos siendo observados por algo más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.