☆࿐ཽ༵༆༒ ᴍᴏᴜɴsᴛʀᴏs ᴇɴ ᴄᴀᴄᴇʀɪ́ᴀ ༒༆࿐ཽ༵☆
El "Patio" se transformó. Los guardias retiraron los bloques de concreto y despejaron el centro del bosque, marcando un círculo de diez metros sobre la tierra con pintura roja. Igna observaba desde su torre de vigilancia, su silueta recortada contra el sol como un buitre esperando el festín.
—Hoy no habrá objetivos fijos —resonó su voz por los altavoces—. Se evaluará su adaptabilidad. Combate cuerpo a cuerpo. Prohibido el uso de poderes letales, pero se permiten demostraciones de fuerza controlada. Empiecen.
La primera pareja fue Dakota y Tyler. Fue un choque de estilos. Dakota era agresiva, lanzando golpes de boxeo cargados de una potencia que hacía que el aire vibrara. Pero Tyler era inalcanzable; activaba su percepción temporal por milisegundos, moviendo la cabeza justo a tiempo para que el puño de la pelirroja pasara de largo. Tyler terminó dándole un empujón que la sacó del círculo.
—¡Deja de bailar y pelea! —le gritó Dakota, con las manos echadas chispas. Tyler solo le guiñó un ojo mientras abría una paleta de uva.
Luego me tocó a mí contra Zack.
Fue como golpear un muro de mármol. Mis puños impactaban en sus costillas y su rostro con una fuerza que habría matado a un humano normal, pero Zack ni siquiera parpadeaba. Sus ojos azules eléctricos estaban fijos en los míos, analizando mis aperturas. No gritaba, no se quejaba. Me lanzó una patada lateral que me mandó a volar contra un árbol. Sentí mis costillas crujir, pero antes de tocar el suelo, ya se estaban soldando de nuevo.
—Eres lenta, Odette —me dijo con su voz gélida mientras me levantaba—. Confías demasiado en que te vas a curar. Eso te hace descuidada.
Las rotaciones continuaron. Alba luchó contra Tiffany. Fue un combate de agilidad; Alba se movía con la flexibilidad de una gimnasta, esquivando los ataques físicos de Tiffany, quien intentaba usar su fuerza de combate cuerpo a cuerpo sin recurrir a su grito.
El momento más tenso fue cuando me enfrenté a Dakota. Ella no me tenía miedo. Sus puños quemaban incluso antes de tocarme, y el calor que desprendía empezaba a secar mi piel.
—A ver qué tan rápido te regeneras cuando te convierta en cenizas —me siseó al oído mientras me bloqueaba los brazos.
Hacia el final de la tarde, todos estábamos exhaustos, cubiertos de sudor, tierra y sangre que ya se había secado o desaparecido por mi regeneración. Nos mirábamos de otra manera. Ya no éramos solo experimentos sentados a una mesa; ahora conocíamos el peso del puño del otro, la velocidad de sus reflejos y la mirada de determinación en sus ojos.
Éramos un equipo de monstruos, perfeccionando la forma de destruirnos antes de que nos enviaran a destruir algo más.