Mounstros En Cacería

Capítulo 18: El Rastro de la Corrupción

☆࿐ཽ༵༆༒ ᴍᴏᴜɴsᴛʀᴏs ᴇɴ ᴄᴀᴄᴇʀɪ́ᴀ༒༆࿐ཽ༵☆

Mis botas aplastaron el primer fajo de papeles. El sonido del papel seco crujiendo bajo mi peso fue alarmante en medio de aquel silencio. Eran formularios de la OHM, informes de progreso y autorizaciones de suministros que ahora no valían nada.

Sin embargo, no todos los documentos estaban secos. Algunos estaban cubiertos por una baba negra viscosa, una sustancia que brillaba con un reflejo aceitoso bajo la luz de nuestras linternas. En cuanto entramos más profundamente en la sala, el olor nos golpeó: una mezcla nauseabunda de carne podrida, químicos ácidos y algo metálico.

—No respiren demasiado profundo —advirtió Zack, cubriéndose la nariz con el antebrazo.

​El Hallazgo en el Escritorio.

​Me adelanté hacia el escritorio principal, una pesada mesa de roble que presidía la estancia. Al asomarme, el haz de mi linterna iluminó lo que quedaba de la recepcionista o quizás de una administradora.

El cuerpo estaba inclinado sobre la mesa, como si se hubiera quedado dormida en medio de un turno eterno. Pero al verla de cerca, Tiffany soltó un jadeo y retrocedió, chocando contra Tyler.

La mitad derecha de la cara de la mujer ya no existía. En su lugar, un enjambre de gusanos blancos se retorcía sobre el tejido descompuesto, dejando al descubierto parte del cráneo amarillento. Todo el cadáver estaba bañado en esa misma baba negra viscosa que habíamos visto en los papeles. Parecía que la sustancia no solo la cubría, sino que brotaba de sus cuencas oculares y de su boca abierta.

​—Esa baba... no es solo descomposición natural —murmuró Tyler, analizando el cuerpo desde una distancia prudente. Su voz temblaba un poco mientras buscaba una paleta en su cinturón—. Parece que algo la infectó antes de que muriera. Algo que sigue vivo en esa sustancia.

La Advertencia de Alba.

Alba se quedó paralizada a unos metros del cuerpo. Sus ojos verdes estaban fijos en la nada y sus manos apretaban con fuerza las correas de su mochila.

—Ella no está sola —susurró Alba, y su voz resonó en nuestras mentes con un tono de urgencia gélida—. La baba... está conectada. Puedo sentir una red mental muy débil, como un zumbido. No la toquen.

Me quedé mirando el rostro devorado de la mujer. Mi regeneración me hacía sentir invencible ante las balas o los golpes, pero ver aquella infección me hizo preguntarme si mi sangre podría luchar contra algo que te consumía mientras aún estabas vivo.

—Busquen la tarjeta de acceso o el registro de este piso —ordené, forzando la calma—. No nos quedaremos aquí más de lo necesario. El olor está atrayendo cosas que Zack aún no puede detectar.




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