☆࿐ཽ༵༆༒ ᴍᴏᴜɴsᴛʀᴏs ᴇɴ ᴄᴀᴄᴇʀɪ́ᴀ༒༆࿐ཽ༵☆
El estruendo bajo el concreto era rítmico, como el latido de un corazón gigante hecho de piedra y furia. Cada vez que la criatura golpeaba desde abajo, el suelo se arqueaba. Sabía que, si no hacíamos algo, el pasillo se convertiría en nuestra tumba de cemento.
—Zack, ahora —ordené, manteniendo mi peso distribuido para no provocar un colapso prematuro.
Zack no perdió un segundo. Se arrodilló y apoyó ambas manos en el suelo. El aire a nuestro alrededor se volvió tan frío que el vapor de nuestra respiración se cristalizó al instante. Una capa de hielo azulado y denso comenzó a brotar de sus palmas, extendiéndose como una armadura sobre el concreto agrietado. No era una capa fina; Zack estaba creando un grosor masivo, un bloque de hielo diseñado específicamente para absorber y disipar las vibraciones de nuestros pasos.
—Es resbaladizo —advirtió Zack, con la voz entrecortada por el esfuerzo—. Muévanse ya.
Mis botas de titanio, diseñadas con una suela de agarre especial para terrenos extremos, se aferraron al hielo con un chirrido metálico. Eran lo suficientemente pesadas para darnos estabilidad, pero el hielo de Zack era tan liso que avanzar era como caminar sobre el filo de una navaja.
—¡Tyler, dales el impulso! —grité.
Tyler mordió su paleta, activando esa chispa en sus ojos. En un parpadeo, nos movimos. Fue una danza grotesca sobre el cristal: avanzábamos a toda velocidad mientras el suelo detrás de nosotros terminaba de ceder. El hielo de Zack amortiguaba el sonido, engañando a la cosa de abajo por unos segundos vitales, pero el peso de la criatura era demasiado.
Justo cuando alcancé el umbral de la puerta de emergencia, sentí el vacío. El bloque de hielo se partió en dos y una masa de tentáculos pálidos emergió del abismo. Agarré a Alba de la mochila y la lancé hacia el interior de la escalera con una fuerza que me dolió en los hombros. Me giré, extendí el brazo y logré sujetar a Dakota antes de que el suelo desapareciera por completo bajo sus pies.
Cerramos la puerta de acero con un estruendo que hizo eco en todo el hueco de la escalera. Estábamos a salvo... por ahora.