☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería ༒༆࿐ཽ༵☆
La bestia no nos dio tiempo para pensar. Con un rugido que pareció sacudir los cimientos mismos del edificio, se impulsó sobre sus cuatro patas. Sus tres metros de altura y masa muscular se convirtieron en un proyectil de garras y colmillos que volaba directamente hacia nosotros.
—¡Ahora! —grité, plantando mis pies en el suelo, lista para recibir el impacto.
Pero mis compañeros no iban a dejarme sola en la vanguardia.
Tiffany fue la primera en reaccionar. Dio un paso al frente, inspirando tan profundo que su pecho pareció inflarse. Abrió la boca y soltó un grito supersónico concentrado, no en un área amplia, sino en un haz directo hacia los oídos de la criatura. El sonido fue tan agudo que mis propios oídos pitaron, y vi cómo la onda de choque distorsionaba el aire. La bestia chilló en pleno vuelo, sacudiendo la cabeza con violencia, perdiendo la puntería de su salto.
—¡Se mueve a la derecha! —gritó Alba en nuestras mentes. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad febril; estaba procesando los impulsos nerviosos del animal antes de que este terminara de ejecutarlos—. ¡Tyler, intercepta el flanco!.
Tyler no esperó. Mordió su paleta de fresa y el mundo se detuvo para él. Mientras nosotros veíamos a la bestia caer de forma pesada tras el ataque de Tiffany, Tyler ya estaba allí. Se deslizó por debajo del abdomen descubierto de la criatura, usando su percepción temporal para evitar las garras que se movían en cámara lenta sobre su cabeza. Con una precisión quirúrgica, clavó dos cuchillos tácticos en las articulaciones de las patas traseras del animal antes de aparecer de nuevo a nuestro lado, jadeando mientras su azúcar caía en picada.
La bestia aterrizó torpemente, soltando un siseo de dolor, pero su instinto asesino era superior a sus heridas. Se giró hacia Tyler, lista para destrozarlo, cuando el aire se llenó de un calor sofocante.
—¡Apártense! —rugió Dakota.
Sus guanteletes térmicos brillaban al rojo vivo. A pesar de la humedad asfixiante del pasillo, Dakota forzó su poder al máximo.
Lanzó una ráfaga de fuego azulado que golpeó directamente el rostro de la criatura. El olor a carne quemada y pelo chamuscado inundó mis sentidos. La bestia retrocedió, cegada momentáneamente por el resplandor y las quemaduras, chocando contra las jaulas de metal que terminaron de colapsar sobre ella.
—¡No la dejen levantarse! —ordenó Alba, cuya nariz empezaba a gotear sangre por el esfuerzo de mantener el vínculo táctico bajo tal nivel de caos—. Odette, está aturdida... ¡es tu turno!.
Sentí la energía recorriendo mis brazos. La coordinación de mi equipo me había dado el ángulo perfecto. Mientras Dakota mantenía las llamas y Tiffany seguía emitiendo pulsos de baja frecuencia para desorientar al animal, corrí hacia la masa de escamas y fuego.
Ya no sentía miedo. Solo sentía el peso de mis puños de titanio y la responsabilidad de proteger a los únicos hermanos que recordaba tener.