☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería ༒༆࿐ཽ༵☆
El impacto fue seco, un sonido sordo que resonó en todo el pasillo del Área Canina. Sentí cómo el cráneo de la bestia cedía bajo mis puños de titanio, una resistencia que duró apenas un milisegundo antes de que la fuerza de la OHM en mis brazos terminara el trabajo. La criatura dejó de luchar; su cuerpo colosal se desplomó contra el suelo inundado, levantando una salpicadura de agua y sangre negra que manchó mis botas.
Me quedé de pie sobre el cadáver, con los puños aún apretados y el pecho subiendo y bajando con violencia. A mi alrededor, el silencio regresó, pero era un silencio pesado, cargado con el olor a ozono, carne quemada y la pudrebumbre del cadáver que parecía quere obligar a nuestros pulmones a cerrarcé, junto el pitido sordo en los oídos que había dejado el grito de Tiffany.
—Se acabó —susurré, aunque mi voz sonó extraña en la penumbra.
Miré a mis compañeros. Todos estaban allí, agitados, con las luces de sus linternas temblando ligeramente. Tiffany se apoyaba en una pared, masajeándose la garganta con una mano mientras recuperaba el aliento. Dakota tenía los guanteletes todavía humeantes, su rostro iluminado por el brillo naranja que se apagaba lentamente. Alba, sentada en el suelo, se limpiaba con el dorso de la mano el rastro de sangre que bajaba por su labio; sus ojos verdes estaban nublados por el cansancio mental.
Tyler fue el primero en romper la formación. Se acercó a mí, tambaleándose un poco, y se dejó caer sobre un resto de jaula metálica. Su rostro estaba pálido, más de lo normal. Con manos temblorosas, sacó una paleta de su cinturón —esta vez de uva— y la desenvolvió con torpeza. El ruido del plástico pareció un trueno en aquel lugar.
—Odette... —dijo Tyler tras dar la primera calada al dulce, intentando estabilizar su pulso—. Tenemos que parar. Mi azúcar está por los suelos y Alba no va a poder conectar ni un pensamiento más si no descansa.
Miró hacia la oscuridad del pasillo que se extendía más allá de la bestia muerta.
—Deberíamos buscar un refugio —continuó, su voz volviéndose más seria—. Necesitamos comer algo sólido y racionar el agua ahora. Si seguimos bajando así, llegaremos al sótano como sombras. Todavía nos quedan tres pisos de este infierno, sin contar lo que sea que nos espere en lo más profundo.
Zack asintió, envainando sus dagas con un movimiento fluido.
—Tyler tiene razón. El gasto de energía en esta pelea ha sido masivo. Si encontramos una sala de seguridad con una puerta que todavía selle, podremos montar guardia por turnos.
Miré a Alba, que me devolvió una mirada de gratitud agotada. Ella era nuestro nexo, y si ella caía, estábamos ciegos.
—Está bien —dije, extendiendo la mano para ayudar a Alba a levantarse—. Busquemos una zona limpia. Comemos, bebemos y recuperamos fuerzas. Pero mantengan las armas cerca. En este laboratorio, el descanso es solo una tregua corta.