☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆
El túnel parecía no tener fin. La luz de nuestras linternas rebotaba en el polvo en suspensión, creando un efecto de neblina que distorsionaba las distancias. El viento cálido seguía soplando desde las tuberías rotas, un siseo constante que se mezclaba con el eco de nuestros pasos sobre las traviesas de madera de las vías.
—Deténganse —la voz de Zack sonó como un latigazo en la oscuridad.
Nos quedamos inmóviles. Zack se quitó el guante y palpó el aire, cerrando los ojos. Sus pupilas eléctricas buscaron cualquier rastro de calor en el túnel, pero tras unos segundos, negó con la cabeza, frustrado.
—Nada. Mis sensores están saturados por el aire caliente de las tuberías. No puedo ver firmas térmicas individuales; es como intentar buscar una vela encendida dentro de un incendio. Si hay algo aquí, es invisible para mí.
El silencio que siguió fue denso. Pero entonces, sentí un roce frío en mi mente. No era una orden, era una duda.
—Odette... —el susurro de Alba apenas fue audible físicamente, pero en nuestras cabezas resonó con una claridad temblorosa.
La miré. Estaba pálida, con gotas de sudor perlando su frente debido al calor del túnel. Se apoyaba con fuerza en el brazo de Dakota, como si sus piernas estuvieran a punto de ceder.
—Alba, descansa —le dije, preocupada—. No fuerces más el nexo.
—No... escuchen —insistió ella, cerrando los ojos con fuerza—. Hay algo. Es muy débil, casi un murmullo oculto tras el ruido del viento. No es un rugido, ni el hambre de esas cosas. Es... un pensamiento humano.
El grupo se tensó. Dakota apretó los puños y Tyler dejó de masticar su paleta.
—¿Un sobreviviente? —preguntó Tiffany, aferrando su amplificador.
—No estoy segura —susurró Alba, y una pequeña gota de sangre volvió a asomar por su nariz—. Estoy muy cansada, todo se mezcla... pero escucho una palabra. Una y otra vez. "Ayuda". Está cerca, en algún lugar entre nosotros y la Sala de Control.
Miré hacia la oscuridad que se tragaba las vías del tren. Si Alba tenía razón, no solo nos enfrentábamos a monstruos, sino que podíamos ser la única esperanza para alguien atrapado en este infierno. Pero en el Laboratorio Gamma, lo que parece humano a menudo es la trampa más peligrosa.
—Mantengan la formación —ordené, bajando el tono de voz—. Si hay alguien ahí fuera, lo encontraremos. Pero si es un truco para atraernos, no le daremos el gusto. Caminen, despacio.
Avanzamos con los sentidos alerta. El calor seguía aumentando y, tras el siseo del vapor, ahora yo también creía escuchar algo: un sollozo ahogado que se perdía en la inmensidad del túnel.