Mounstros En Cacería

Capítulo 31:Ermitaño de la Sala de Control

☆࿐ཽ༵༆༒ mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆

En cuanto las torretas se retrajeron, rodeamos a Daniel. No fue una maniobra agresiva, pero la energía del equipo era abrumadora: seis experimentos armados y hambrientos de respuestas frente a un hombre con una bolsa de Cheetos. Daniel retrocedió hasta que su espalda chocó con una de las consolas centrales, mirándonos como si fuéramos otra clase de monstruos, quizá más civilizados, pero igual de peligrosos.

​—¿Eres el único? —pregunté, dando un paso al frente. Mi voz sonó más autoritaria de lo que pretendía—. ¿Hay más científicos o personal de seguridad escondidos en este nivel o en los inferiores?

Daniel negó con la cabeza frenéticamente, ajustándose los lentes con un dedo tembloroso.

—Soy el único que he visto en meses. Los demás... bueno, la mayoría no llegó a las zonas de seguridad. Y los que bajaron al sótano... —hizo una mueca de dolor—. El sótano está incendiado. Es un infierno de químicos y combustible. El fuego ha provocado daños estructurales graves en el piso -5, y eso causa los temblores que sentimos incluso aquí. El piso -4 es una trampa de eco y vibraciones. Mi plan era simplemente... morir aquí, con el estómago lleno y la puerta cerrada.

Dakota entrecerró los ojos, cruzándose de brazos mientras una pequeña chispa bailaba en su hombro.

—¿Morir aquí? Tienes una sala de control, mapas y suministros. ¿Por qué no intentaste salir? —preguntó con una desconfianza evidente.

—¿Salir? —Daniel soltó una risotada nerviosa—. ¿Afuera? Ahí están los Caninos. Ahí están los Velocistas. Yo no tengo superfuerza ni fuego en las manos, señorita. Además, no hay salida. La única vía que conocía era el ascensor principal, pero llegar allí solo es una sentencia de muerte. Y la salida de emergencia del túnel... se derrumbó sobre uno de los trenes de carga hace semanas. Estoy atrapado. O lo estaba.

Tyler, que miraba con curiosidad las migas de queso naranja en la bata de Daniel, intervino con una pregunta que todos nos hacíamos.

—¿Cómo has sobrevivido tanto tiempo encerrado en esta caja de titanio?.

—Este lugar lo tiene todo si sabes dónde buscar —respondió Daniel, señalando hacia el fondo de la sala—. Bajo esas escaleras de rejilla hay una cocina pequeña de servicio. Arriba, sobre la plataforma, hay dos habitaciones que usaban los técnicos de guardia, con camas y baños públicos en la esquina. Los monitores aún funcionan gracias a las reservas de energía de emergencia; eso es lo que mantiene las puertas selladas y el sistema de defensa activo.

​Daniel caminó hacia la consola principal y tecleó una secuencia rápida. Varias pantallas parpadearon, mostrando imágenes granuladas y estáticas.

—Algunas cámaras han muerto, pero otras resisten. Miren.

Nos acercamos. Se veían tres ángulos del piso -2:

El Área Canina: Una imagen borrosa donde se distinguían los restos de las jaulas y sombras moviéndose.

El Pasillo Este: Una cámara fija mostraba una masa viscosa verde que cubría el suelo y las paredes, palpitando como si respirara.

La Intersección: La entrada de los túneles por la que acabábamos de pasar, ahora vacía, sumida en una calma engañosa.

​Me quedé mirando los monitores. Daniel tenía razón: estábamos en una isla de tecnología en medio de un océano de carne y caos. Pero mientras él veía un refugio donde morir, yo solo veía un puesto de avanzada para seguir bajando.




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