☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆
Tras la tensión del pasillo y el encuentro con Daniel, el equipo decidió que no podíamos dar un paso más sin recuperar fuerzas. La adrenalina estaba bajando, dejando paso a un agotamiento que pesaba más que nuestras armaduras. Bajo la guía de Daniel, exploramos lo que sería nuestro hogar temporal.
Subimos las escaleras metálicas hacia la plataforma superior. Daniel se apresuró a entrar en la habitación pequeña, su refugio personal, dejando para nosotros la estancia más grande. Era un cuarto austero, de paredes de metal gris, pero se sentía como un palacio comparado con los túneles. Había tres literas metálicas ancladas al suelo.
La distribución se dio de forma natural, dictada por los lazos que se habían forjado en el "Patio".
Tyler y Tiffany ocuparon la primera litera; los hermanos se mantenían juntos, siendo el apoyo emocional del otro.
Alba, que aún temblaba un poco por el esfuerzo mental, miró a Dakota. Y sorprendentemente, la pelirroja asintió sin quejarse, ofreciéndole la seguridad de su fuego interno a la fragilidad de la telépata.
Zack y yo nos instalamos en la última. Él dejó sus cuchillas al alcance de la mano, manteniendo esa vigilia constante que le impedía relajarse del todo.
Antes de descansar, aprovechamos los baños públicos de la esquina. El agua salía fría, pero fue una bendición. Usé un paño para quitarme la sangre seca de la bestia canina y el polvo gris del túnel. Ver el agua roja irse por el sumidero me recordó que, aunque mi piel se cerrara, el rastro de la violencia se quedaba pegado a nosotros.
Una vez limpios y alimentados con las raciones de Daniel, me senté en el borde de la litera y encendí mi intercomunicador.
—Aquí X-10. ¿Me reciben? Base Vostok, ¿están ahí? —dije, ajustando la frecuencia. Solo obtuve estática. Lo intenté de nuevo, cambiando los canales, buscando la voz gélida de Igna o cualquier señal de vida de la superficie.
—Es inútil —dijo Daniel desde el umbral de la puerta, masticando un Cheeto distraídamente—. Se lo dije, Odette. Este lugar es un búnker de seguridad máxima. Las paredes de titanio y los inhibidores de frecuencia están diseñados para que nada salga ni entre. Mientras el sistema de seguridad esté activado para protegernos de los Velocistas, estamos en un vacío comunicativo. Para el mundo exterior, ahora mismo no existimos.
Dejé caer el comunicador sobre el colchón delgado. Estábamos solos. No había órdenes de Igna, ni apoyo militar, ni rescate. Éramos seis experimentos y un veterinario asustado, atrapados en el corazón de una montaña de hierro mientras el sótano del laboratorio ardía bajo nuestros pies.
—Descansen —dije al equipo, aunque mi mente seguía fija en los monitores de abajo—. El Velocista hibernará pronto, y cuando lo haga, el silencio será nuestra única oportunidad para bajar al Piso -3.