Mounstros En Cacería

Capítulo 37: El Drenaje del Olvido

☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería ༒༆࿐ཽ༵☆

Tras dejar atrás los restos de la Babosa, Daniel nos guio hacia una rampa de mantenimiento lateral. Según él, era el camino más rápido, pero en cuanto pusimos un pie en la pendiente, supimos que sería el más asqueroso.

—Por aquí —dijo Daniel, cubriéndose la boca con un pañuelo—. La rampa baja directamente a la entrada secundaria del Piso -3. Solo necesito llegar al panel de cristal reforzado.

El Agua de Alcantarilla.

A medida que bajábamos, el chapoteo en nuestras botas se volvió más pesado. El agua no era clara; era un líquido espeso y turbio, de un color grisáceo similar al de una cloaca estancada. Al llegar a la mitad de la rampa, el agua ya nos cubría por la cintura. Era una sopa de inmundicia: flotaban restos de sedimentos industriales, capas de polvo negro que formaban costras en la superficie y, lo más perturbador, pequeños fragmentos blanquecinos que Zack identificó de inmediato.

—Son restos óseos —murmuró Zack, apartando con su cuchilla una costilla astillada que flotaba cerca de él—. El agua está arrastrando los desechos de las trituradoras biológicas de los pisos superiores.

​El olor era una mezcla insoportable de azufre, carne podrida y químicos oxidados. El calor que emanaba de las tuberías de vapor hacía que el hedor se intensificara, envolviéndonos en una bruma pegajosa que parecía adherirse a nuestras armaduras de titanio como una segunda piel de suciedad.

La Puerta de Cristal y el Pánico.

—¡Ahí está! —gritó Tiffany, señalando hacia el fondo, donde el túnel terminaba en una imponente estructura de cristal reforzado.

El agua seguía subiendo debido a las filtraciones del núcleo, arrastrando más detritos y suciedad. Para cuando llegamos a la puerta, el agua nos llegaba al pecho. Daniel se lanzó hacia el panel de control, tratando de limpiar con su manga el barro y la grasa que cubrían la pantalla táctil.

—¡Cinco, ocho, dos, cero! —tecleó Daniel con desesperación.

El panel emitió un pitido grave y una luz roja parpadeó: ACCESO DENEGADO.

—¡No puede ser! —exclamó Daniel, mientras un fémur descompuesto golpeaba contra el cristal a su lado—. ¡Han cambiado los códigos por el protocolo de incendio! Si no entramos ahora, esta agua de alcantarilla nos va a sumergir por completo.

Miré a mi alrededor. Estábamos rodeados de agua contaminada, restos de antiguos experimentos y un vapor que empezaba a dificultar la respiración. Alba cerró los ojos, tratando de concentrarse a pesar del asco que le provocaba el contacto con el agua. Estábamos a un código de distancia de la salvación, o a unos minutos de morir ahogados en los desperdicios de la OHM.




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