☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆
Lo último que recuerdo con claridad fue a Daniel gritando algo sobre los filtros de aire, pero su voz se desvaneció como si se hundiera en el océano. Mis párpados pesaban toneladas. Intenté estirar la mano hacia Zack, pero cuando mis dedos rozaron lo que creía era su brazo, solo encontré aire frío.
La niebla morada se cerró sobre mí. Cuando mis ojos lograron enfocar de nuevo, ya no estaba en la sala de resonancia magnética. Estaba sola en un pasillo infinito, cuyas paredes blancas brillaban con una intensidad dolorosa. No había rastro de Dakota, ni de los gemelos, ni de Daniel. El equipo se había esparcido, cada uno arrastrado a su propia celda mental por las esporas.
La Aparición.
—¿Mamá? —una voz pequeña, cristalina y dulce rompió el silencio.
Me tensé. Mis puños de titanio se cerraron por instinto, pero mi corazón dio un vuelco que ninguna mejora biológica pudo controlar. Me giré lentamente, con la respiración entrecortada.
Allí, en medio de aquel pasillo de pesadilla, estaba ella. Una niña de no más de siete años. Tenía el cabello negro como el ala de un cuervo, perfectamente peinado, y unos ojos azules tan profundos y puros que parecían fragmentos de cielo. Llevaba un vestido blanco inmaculado, sin una sola mancha de la sangre o la inmundicia que nos rodeaba. Su aura era cálida, brillante, un contraste violento con la oscuridad podrida del Laboratorio Gamma.
—¿Mamá? ¿Eres tú? —repitió, ladeando la cabeza con una sonrisa que me partió el alma.
La Trampa del Hongo.
El dolor en mi cabeza aumentó. Sabía que era una alucinación, un truco de los hongos morados diseñado para desarmarme, pero mi cuerpo no respondía a la lógica. Sentí una necesidad desesperada de correr hacia ella, de protegerla de este lugar.
—¿Quién eres? —susurré, mi voz quebrándose.
La niña dio un paso hacia mí, y por un segundo, el brillo de su aura hizo que el pasillo de cemento se transformara en el jardín de una casa que no recordaba haber tenido.
—Me prometiste que volverías —dijo ella, extendiendo su pequeña mano—. Dijiste que la OHM no nos separaría. ¿Me has olvidado, mami?.
Cerré los ojos con fuerza, luchando contra las lágrimas. El Piso -3 no estaba usando monstruos de carne para matarnos; estaba usando los fragmentos de las vidas que nos robaron. Si esa niña era un recuerdo real o una creación de mi deseo más profundo, no lo sabía, pero sentía que si le daba la mano, Odette, la guerrera de titanio, moriría para siempre.