☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería ༒༆࿐ཽ༵☆
El silencio del laboratorio fue reemplazado por un coro de sollozos y gritos que no venían de la garganta, sino del recuerdo. A través del nexo psíquico de Alba, que ahora estaba fracturado y sangrante, todos empezamos a sentir el peso de las verdades que la OHM nos había arrebatado.
Alba: La Semilla del Miedo.
En su mente, Alba no estaba en el subsuelo de Moscú. Estaba en un parque soleado, sintiendo el viento en su cabello, hasta que una sombra se proyectó sobre ella. Narraba con una voz infantil y rota cómo unas manos enguantadas la levantaban del suelo mientras su madre gritaba a lo lejos.
—Puedo sentir el olor a cloroformo otra vez —susurraba Alba—. No fue un accidente. Me eligieron. Me arrancaron de la luz porque mis pensamientos hacían demasiado ruido para ellos.
Dakota: El Incendio del Vínculo.
Dakota estaba de rodillas en un pasillo vacío, pero ante sus ojos, su hermano agonizaba una y otra vez. Veía las luces de la ambulancia y el frío mármol del hospital.
—Él no murió por la enfermedad —gritaba Dakota, mientras sus manos soltaban chispas erráticas—. Murió porque ellos querían ver si mi dolor activaba el fuego. Lo dejaron morir para fabricarme a mí. Todo este calor que siento... es el rastro de su última respiración.
Los Gemelos: La Mercancía.
Tyler y Tiffany se abrazaban en una esquina, atrapados en la misma visión. Veían una sala de estar gris y a unos padres adoptivos que los miraban con desprecio, como si fueran objetos defectuosos.
—Nos vendieron —decía Tiffany con una frialdad aterradora—. No éramos sus hijos, éramos su pago de hipoteca. Nos entregaron a la OHM con una firma y un apretón de manos, como quien vende ganado al matadero. Por eso solo nos tenemos el uno al otro... porque nadie más nos quiso gratis.
Zack: El Niño Diferente.
Zack, siempre tan gélido, estaba paralizado frente a una pared. Veía una mesa familiar, risas y calidez, pero en la esquina de esa mesa, un niño permanecía en silencio, rodeado de una escarcha que nadie más podía ver.
—Yo era el error en una familia perfecta —murmuraba Zack—. Podía ver el miedo en los ojos de mi madre cada vez que la tocaba y su piel se ponía azul. La OHM no me secuestró... mi familia llamó para que me llevaran. Me convertí en hielo porque el mundo me dio la espalda antes de que aprendiera a hablar.
Odette: La Madre del Vacío.
Y yo... yo seguía mirando a esa niña de ojos azules. El dolor de mis compañeros se filtraba en mi mente, mezclándose con la voz de la pequeña que me llamaba "mamá". Sentía que mi fuerza de titanio no servía de nada contra la revelación de que quizá, en algún lugar fuera de estas paredes, había dejado una vida que valía la pena vivir.
—Es mentira... —intenté rugir, pero mi voz era un hilo—. Es solo el hongo.
Sin embargo, el dolor era demasiado real. Estábamos esparcidos por el pasillo, vulnerables y rotos, mientras las esporas moradas seguían brillando, alimentándose de nuestra agonía. Éramos el equipo de élite de la OHM, pero en ese momento, solo éramos seis niños heridos llorando en la oscuridad.