☆࿐ཽ༵༆༒ mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆
Uno de los Duendes, el más pequeño y escurridizo, aprovechó el parpadeo de las luces para deslizarse por el suelo inundado como una mancha blanca. Antes de que pudiera reaccionar, la criatura se lanzó sobre la pierna derecha de Daniel.
La Herida de Daniel.
Escuché el grito desgarrador del veterinario antes de ver el ataque. El Duende hundió sus colmillos amarillentos en la pantorrilla de Daniel y, con un movimiento seco y brutal de su cuello, le arrancó un trozo de piel y músculo. La sangre comenzó a brotar, tiñendo el agua de la alcantarilla de un rojo brillante.
—¡Agh! ¡Me ha mordido! —clamó Daniel, cayendo de rodillas mientras intentaba golpear a la criatura con su pistola de dardos.
El Contraataque de Dakota.
Dakota no le dio tiempo al Duende para tragar. Con el rostro endurecido por la rabia de sus propios recuerdos, apuntó directamente a la criatura que aún masticaba el trozo de carne.
—¡Suéltalo, maldito engendro! —rugió Dakota
De sus palmas brotó una llamarada blanca, tan intensa que el agua del suelo comenzó a evaporarse en un siseo violento. El fuego envolvió al Duende, que soltó un alarido inhumano mientras sus hongos estallaban. En pocos segundos, la criatura no era más que un montón de cenizas flotando en el agua.
La Matanza de los Cinco.
Los otros cinco Duendes, al ver a su compañero incinerado, cometieron el error de intentar una carga desesperada impulsados por el hambre. Fue su fin.
Zack se movió con la alegilidad de un depredador ártico, decapitando a dos de ellos con sus cuchillas antes de que pudieran parpadear.
Tyler y Tiffany, actuando como uno solo, interceptaron a otros dos. Tiffany soltó un pulso sónico que les reventó los tímpanos, mientras Tyler los remataba con una precisión quirúrgica en el pecho.
El último intentó trepar por la pared para escapar hacia las tuberías, pero yo lo alcancé. Salté, lo agarré por la pierna y, con la fuerza de mis puños de titanio, lo estrellé contra el suelo de concreto. El sonido de sus huesos rompiéndose puso punto final a la emboscada.
La Urgencia Médica.
Me arrodillé junto a Daniel, que presionaba su pierna herida con manos temblorosas. El trozo que faltaba era considerable, y el riesgo de infección por las bacterias de la boca del Duende era altísimo.
—Zack, congela la herida para detener la hemorragia —ordené mientras sacaba un vendaje de mi kit táctico—. Dakota, mantén el fuego encendido; no quiero más sorpresas en las sombras.
Daniel respiraba con dificultad, el dolor lo estaba dejando en shock.
—El ácido... sus colmillos tienen restos de los hongos... —balbuceó Daniel—. Si no desinfectamos esto pronto, empezaré a alucinar de nuevo, y esta vez no habrá máscara que me salve.
Miré hacia el final del pasillo. El Piso -3 nos había cobrado su primera cuota de sangre.