☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería ༒༆࿐ཽ༵☆
Daniel apretaba los dientes, su rostro cubierto de un sudor frío que empañaba su máscara de gas. La mordida era fea; el tejido colgaba como un recordatorio de que, en este piso, un error se pagaba en carne.
El Consuelo de Alba.
Alba se arrodilló frente a él, ignorando el agua sucia que empapaba su uniforme. Puso sus manos sobre las sienes de Daniel. Sus ojos verdes brillaron con una luz tenue y, casi al instante, los espasmos del veterinario cesaron.
—Shh... —susurró Alba, proyectando una calma artificial directamente en su sistema nervioso—. El dolor está lejos, Daniel. Es solo un ruido de fondo. Concéntrate en mi voz. Necesitamos que nos guíes.
Formación de Traslado.
Tyler y Zack se posicionaron a ambos lados de Daniel. Con una coordinación silenciosa, pasaron los brazos del hombre sobre sus hombros, levantándolo. Zack mantenía una expresión gélida, pero su mano derecha sujetaba con firmeza el costado de Daniel para estabilizarlo.
—La oficina... —balbuceó Daniel, parpadeando con pesadez—. Pasillo norte. Busquen la placa dorada: "Dr. Aris Vane". Allí hay un botiquín de emergencia de nivel 4... con suero sintético.
El Camino de la Luz.
—Dakota, conmigo —ordené, ajustando mis guanteletes de titanio.
Dakota se colocó a mi lado. No necesitaba que le dijera nada; sus manos emitían un destello naranja constante, como una antorcha viviente que cortaba la penumbra y mantenía a raya a cualquier otra criatura que acechara en las tuberías. Su presencia no solo nos daba visión, sino que servía de advertencia: el fuego seguía bajo nuestro mando.
Avanzamos por el pasillo de los "Espejos de Observación". A ambos lados, enormes cristales negros nos devolvían nuestra propia imagen deformada por el vapor. Sabíamos que, detrás de esos espejos, los científicos de la OHM solían sentarse a ver cómo los sujetos de prueba perdían la cordura. Ahora, los laboratorios estaban vacíos, pero sentía que miles de ojos invisibles nos seguían desde el otro lado del vidrio.
—No miren a los espejos —advirtió Alba en nuestras mentes—. El hongo todavía está en el aire. Si se miran demasiado tiempo, empezarán a ver lo que no quieren ver.
Cada chapoteo en el agua resonaba como un trueno. Estábamos cerca de la oficina del Dr. Vane, pero el aire se sentía cada vez más frío, como si el Piso -3 estuviera preparándose para darnos una última despedida antes de dejarnos sanar a Daniel.