☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros En Cacería༒༆࿐ཽ༵☆
El castañeo de los Duendes al otro lado del cristal era un recordatorio constante de que éramos el plato principal de un banquete que aún no empezaba. Me aparté del ventanal, sintiendo el peso de mi armadura de titanio más pesado que nunca. La oficina del Dr. Vane, con su aire acondicionado filtrado y su alfombra seca, se sentía como una burbuja de irrealidad.
Alba se acercó a mí, limpiándose un rastro de sudor de la frente. Sus ojos verdes, aunque cansados, reflejaban una determinación serena.
—Odette —susurró, mirando de reojo a Daniel, que dormitaba bajo el efecto de los sedantes—, deberíamos aprovechar este tiempo. Daniel no aguantará otra carrera si no dejamos que recupere fuerzas. Su cuerpo no es como el nuestro; necesita que los antibióticos actúen y que su corazón se estabilice. Si salimos ahora, tendremos que cargarlo, y eso nos hará lentos.
Miré al veterinario. Era cierto. Daniel era nuestra brújula en este laberinto, pero su fragilidad humana era nuestro eslabón más débil.
—No podemos quedarnos aquí para siempre, Alba —intervino Dakota, acercándose al cristal. Una llama azulada bailaba peligrosamente entre sus nudillos, reflejándose en el espejo negro—. Esos engendros no se van a cansar de esperar.
Dakota se giró hacia nosotros, y su rostro estaba iluminado por una furia contenida. El trauma de los hongos todavía vibraba en su voz.
—Yo puedo terminar con esto —dijo con una sonrisa gélida—. Puedo abrir esa puerta y convertir el pasillo en un horno. Si libero suficiente energía, los haré cenizas antes de que puedan parpadear. No quedará ni uno solo de esos "jardineros" para contarlo.
—Y llenarás el aire de humo tóxico y vapor de agua hirviendo —añadió Zack, apoyado contra la pared con los brazos cruzados. Sus ojos azules eléctricos brillaban con una intensidad calculadora—. Si incendias el pasillo, la temperatura subirá tanto que el sistema de ventilación colapsará.
Zack dio un paso al frente, desenvainando una de sus cuchillas de carbono.
—Hazlo, Dakota —continuó él—. Incendia el pasillo. Reduce a esos bastardos a carbón. En cuanto termines, yo entraré en acción. Enfriaré el pasillo de golpe, condensaré el calor y crearé un camino de escarcha sólida sobre el agua hirviendo. Así podremos cruzar sin quemarnos los pies y sin que Daniel respire el aire caliente.
Era un plan arriesgado. El choque térmico entre el fuego de Dakota y el hielo de Zack podría agrietar las paredes de la estructura, pero era la única forma de limpiar el camino de una vez por todas.
—Bien —dije, mirando el cronómetro en mi muñeca—. Daniel descansará una hora más. Tyler, Tiffany, preparen las mochilas y aseguren las máscaras de gas de todos. En sesenta minutos, abriremos esa puerta.
Me acerqué al ventanal y puse mi mano de titanio sobre el vidrio. Al otro lado, un Duende pegó su rostro blanquecino al espejo, oliendo el rastro de nuestra existencia. No sabía que el sol estaba a punto de salir dentro de su túnel oscuro.