Mounstros En Cacería

Capítulo 49: El Descenso al Horno

☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros En Cacería༒༆࿐ཽ༵☆

​La tubería de refrigeración pesada se convirtió en nuestro único mundo. Daniel, gracias a que habíamos abandonado la estrechez de los conductos de ventilación, cabía lo suficiente en este cilindro de metal corrugado. Bajamos en una fila india vertical, usando los salientes de las juntas como peldaños improvisados. El eco de nuestras botas resonaba en el vacío, pero no detectamos rastro de los Duendes ni de las Babosas. El silencio era absoluto, una calma antinatural que solo presagiaba una tormenta peor.

​A medida que descendíamos, el metal bajo mis guantes de titanio empezó a emitir un calor radiante. La pintura interna de la tubería se descascaraba, cayendo sobre nosotros como una lluvia de ceniza seca. Cuando finalmente llegamos al final del conducto y saltamos hacia la rejilla de salida, el Piso -4 nos recibió con un bofetón de aire caliente que me quemó los pulmones.

El Corazón de la Inestabilidad.

​El Centro de Datos era un caos de metal retorcido y estática. La temperatura rondaba los 55°C, haciendo que el sudor se evaporara antes de salir de nuestros poros. Pero el calor no era lo peor; la estructura misma del edificio estaba gimiendo. Un temblor violento sacudió el suelo, haciendo que las luces de emergencia, ya mortecinas, estallaran en una lluvia de chispas.

​—¡Cuidado! —rugí, extendiendo los brazos para equilibrar a Alba.

​El suelo de concreto, debilitado por el calor extremo y las explosiones del piso inferior, comenzó a ceder bajo nuestros pies. Las grietas se abrían como relámpagos negros en la superficie gris. De repente, un estruendo ensordecedor ahogó nuestras voces. Un sector entero del pasillo colapsó hacia el abismo.

​El Abismo de Fuego.

​—¡Tiffany! —el grito de Tyler me desgarró el alma.

​El suelo desapareció bajo los pies de Tiffany. En una fracción de segundo, la vi caer hacia el hueco oscuro. Bajo la grieta, a unos diez metros de profundidad, el Piso -5 se veía como una boca abierta del infierno: un mar de fuego anaranjado y químicos ardiendo que lanzaba columnas de humo tóxico hacia nosotros.

Tiffany, con unos reflejos nacidos del terror, logró estirar los brazos y se aferró a un saliente de escombros y varillas de metal corrugado. Sus piernas colgaban sobre el vacío ardiente, y el calor del incendio inferior empezaba a chamuscar la tela de su uniforme.

​—¡No me sueltes! —chilló ella, mientras los restos de concreto a los que se aferraba crujían, amenazando con desprenderse y enviarla directamente a las llamas.

​El Rescate al Borde del Desastre.

—¡Tyler, quédate atrás! —ordené, lanzándome hacia el borde del precipicio.

Me arrojé al suelo, distribuyendo mi peso para no terminar de hundir la sección. Zack se ancló a una tubería firme y me sujetó por los tobillos, sirviendo de contrapeso. Estiré mi brazo de titanio hacia Tiffany, sintiendo cómo el aire caliente que subía del Piso -5 intentaba empujarme hacia atrás.

​—¡Dame la mano, Tiff! —grité, ignorando el metal que ardía bajo mi pecho—. ¡Ahora!

​Sus dedos rozaron los míos. El concreto que la sostenía se partió, dejando caer una lluvia de piedras al fuego inferior. Justo cuando el soporte cedió por completo, mis dedos se cerraron sobre su muñeca con la fuerza de una prensa hidráulica. La levanté con un solo movimiento, tirando de ella hacia la seguridad del suelo firme mientras Tyler la recibía en un abrazo desesperado.

Jadeando, nos alejamos del borde. El Piso -5 estaba allí abajo, a un paso de distancia, recordándonos que el tiempo de este laboratorio se contaba en minutos.

​—Tenemos que movernos —dijo Daniel, con los ojos fijos en las llamas inferiores—. El fuego está devorando los pilares de carga. Si el Centro de Datos cae, no quedará nada que recuperar.




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