Mounstros En Cacería

Capítulo 52: El Fuerte de Escarcha

☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆

El sonido en los túneles había cambiado. Ya no era el siseo constante del vapor, sino un repiqueteo frenético y rítmico contra las paredes de metal: las garras de los Velocistas. El estruendo del colapso estructural en el Piso -4 había actuado como una campana de cena para los depredadores albinos. Estaban cerca, y venían con el hambre de quienes han sido despertados bruscamente de su letargo.

—¡Vienen por las vías! —gritó Zack, cuyos ojos brillaban con una intensidad eléctrica en medio de la penumbra—. ¡Tres... no, cinco firmas térmicas moviéndose a una velocidad que mis sensores apenas pueden seguir!

​Miré a mi alrededor. Estábamos en una intersección abierta, un terreno suicida para enfrentar a criaturas que se movían más rápido que la vista humana. Daniel seguía apoyado en Tyler, incapaz de defenderse. Necesitábamos un punto de anclaje, algo que obligara a esas cosas a frenar.

—¡Zack, ahora! —ordené, golpeando el suelo con mis botas de titanio para marcar el perímetro—. ¡Crea una cúpula! ¡Rodéanos por completo, no dejes huecos!

Zack no cuestionó la orden. Se dejó caer sobre una rodilla y hundió ambas manos en el suelo húmedo del túnel.

El Muro de Cristal Azul.

​El aire a nuestro alrededor se contrajo. Un rugido de frío absoluto llenó el túnel mientras placas masivas de hielo azulado brotaban de la tierra, curvándose sobre nuestras cabezas. En segundos, estuvimos rodeados por una cúpula de hielo reforzado de casi treinta centímetros de grosor. El cristal era lo suficientemente traslúcido para que pudiéramos ver las sombras moviéndose afuera, pero lo suficientemente denso para servir de escudo.

—Escuchen bien —dije, mi voz resonando dentro de nuestra fortaleza helada—. Dakota, no uses fuego a máxima potencia aquí dentro o derretirás la cúpula y nos asfixiarás con el vapor. Tyler, mantén a Daniel en el suelo. Alba, dime exactamente por dónde golpearán.

El Impacto.

​No tuvimos que esperar mucho. El primer impacto contra la cúpula sonó como un choque de trenes. El hielo vibró, pero resistió. Vimos una mancha blanca y alargada estrellarse contra el muro exterior: un Velocista. Sus garras chirriaron contra la superficie congelada, dejando surcos profundos mientras intentaba encontrar una grieta.

​—Están rodeando la cúpula —susurró Alba, con los ojos cerrados y las manos apretadas—. Están frustrados. No pueden detectar nuestro calor a través del aislamiento del hielo de Zack. Para ellos, somos una roca fría en medio del túnel.

​—Pero no son estúpidos —añadí, preparando mis puños de titanio—. Van a golpear el mismo punto hasta que el hielo ceda.

​La Trampa de Odette.

​Me coloqué frente a la sección de la cúpula que daba a las vías principales. Podía ver la silueta de dos de ellos preparándose para cargar de nuevo.

—Zack, cuando yo te dé la señal, quiero que abras una pequeña ranura, justo a la altura de mi pecho —ordené—. Vamos a dejar que uno asome la cabeza antes de que sepa lo que le espera.

​El castañeo de los Velocistas afuera se volvió un rugido ensordecedor. La caza había comenzado, pero esta vez, nosotros éramos los que teníamos la ventaja del terreno.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.