☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆
El aire dentro de la cúpula se había vuelto denso y gélido, pero mi sangre hervía. A través del hielo azulado, las sombras de los Velocistas eran manchas blancas que se movían con una violencia eléctrica. Estaban golpeando las paredes de cristal con una coordinación aterradora, buscando la falla estructural, el punto donde el frío de Zack no fuera suficiente.
—Zack, a mi señal —repetí, afianzando mis botas en el suelo—. ¡Ahora!
Zack cerró el puño y una sección del tamaño de un escudo, justo frente a mí, se desvaneció, convirtiéndose en una fina niebla de nieve.
El Primer Asalto.
El Velocista no tardó ni una fracción de segundo. En cuanto el hueco se abrió, su cabeza alargada y albina se proyectó hacia el interior. No tenía ojos, pero su cuerno óseo vibraba, detectando mi presencia. Sus fauces se abrieron, revelando hileras de dientes como agujas, y soltó un siseo que me golpeó la cara como un chorro de aire a presión.
Antes de que pudiera meter sus garras, mi puño de titanio ya estaba en camino. El impacto fue seco, un estruendo de metal contra hueso que resonó en todo el túnel. El cráneo de la criatura se hundió bajo la fuerza de mi brazo de potencia, y el cuerpo del Velocista salió despedido hacia atrás, chocando contra los demás que esperaban en la oscuridad.
—¡Cierra! —rugí.
Zack selló el hueco instantáneamente. Pero afuera, la muerte blanca no se detuvo.
La Danza de las Sombras.
—¡Están subiendo! —gritó Alba, señalando hacia el techo de la cúpula—. ¡Están intentando atacar desde arriba para colapsar el arco!.
El sonido cambió. Ahora eran docenas de garras rascando el hielo sobre nuestras cabezas. El peso de los cinco Velocistas sobre la estructura empezó a hacer que el hielo crujiera. Pequeñas grietas, como telarañas de cristal, comenzaron a extenderse desde el ápice de la cúpula hacia el suelo.
—Dakota, dales un motivo para bajar —ordené sin apartar la vista del techo.
Calor Selectivo.
Dakota no esperó. No lanzó fuego, sino que pegó sus manos al interior de la cúpula. Controló su poder con una precisión quirúrgica, calentando solo la capa externa del hielo sobre nosotros. El resultado fue inmediato: la superficie exterior de la cúpula se volvió extremadamente resbaladiza y caliente al tacto.
Escuchamos los alaridos de los Velocistas al quemarse las almohadillas de sus garras. Uno a uno, se deslizaron por la curvatura del hielo, cayendo pesadamente al suelo del túnel.
—Están en el suelo de nuevo —informó Zack, con el sudor congelándose en su frente por el esfuerzo de mantener la estructura—. Pero están furiosos, Odette. Van a cargar todos a la vez.
—Que vengan —respondí, sintiendo cómo los servomotores de mis brazos de titanio se activaban con un zumbido de baja frecuencia—. Tyler, mantén a Daniel a cubierto. Zack, cuando cuente tres, disuelve la cúpula por completo. No vamos a esperar a que la rompan. Vamos a salir a cazarlos.
La acción no había hecho más que empezar. El túnel estaba a punto de convertirse en un matadero.