☆࿐ཽ༵༆༒ Mounstros en cacería༒༆࿐ཽ༵☆
La cúpula de hielo de Zack se convirtió en nuestro núcleo, una isla de seguridad en medio de la tormenta de garras blancas. Pero no podíamos quedarnos allí mirando. Zack disolvió los muros exteriores, dejando solo una pequeña esfera reforzada y opaca que protegía a Daniel en el centro. El resto del equipo nos desplegamos alrededor, formando un anillo de acero, fuego y voluntad.
—¡Ahora, Tyler! —grité.
Tyler dio un paso al frente. Sentí cómo la presión del aire cambiaba, una distorsión visual que hizo que las luces de los túneles se alargaran como hilos de oro. Tyler no solo se movía rápido; estaba forzando su percepción para ralentizar el tiempo de los Velocistas. Esas criaturas, que antes eran borrones imposibles de seguir, empezaron a moverse como si estuvieran sumergidas en melaza. Sus saltos se volvieron perezosos, sus zarpazos predecibles.
El Impacto de Tiffany.
—¡Son míos! —rugió Tiffany.
Aprovechando la ventaja que Tyler nos daba, Tiffany no necesitó apuntar con cuidado. Inspiró aire y soltó una ráfaga de ondas de choque direccionales. El sonido no era un grito, era un martillazo físico. Vimos cómo el aire se ondulaba y golpeaba a dos Velocistas de frente.
El impacto fue brutal. Las criaturas salieron despedidas con una fuerza sobrehumana, cruzando el túnel y estrellándose contra las paredes de concreto. El sonido de sus huesos rompiéndose fue ahogado por el estruendo de los escombros que caían sobre ellos. No tuvieron tiempo de recuperarse; el impacto les arrebató el aliento y la conciencia.
El Anillo de Hierro.
Dakota y yo nos encargamos de los que intentaban flanquearnos. Yo usaba mis puños de titanio para interceptar los ataques en cámara lenta, golpeando con la precisión de un relojero y la fuerza de una demolición. Cada golpe que conectaba lanzaba a un Velocista varios metros atrás, despejando el perímetro de la cúpula.
Dakota, por su parte, creó un círculo de fuego alrededor de la base del hielo de Zack.
—¡Nadie toca al veterinario! —gritó, mientras sus llamas mantenían a raya a los depredadores que intentaban trepar por los restos de las tuberías superiores.
La Agonía de Tyler.
Vi a Tyler apretar los dientes, el sudor corría por su frente y sus ojos empezaban a inyectarse en sangre. Mantener el tiempo ralentizado para tantos objetivos le estaba pasando factura.
—¡Odette, no puedo... aguantar mucho más! —jadeó, sus movimientos empezando a volverse torpes mientras el efecto de la paleta de piña se agotaba.
—¡Casi terminamos, resiste! —le respondí, lanzando a un Velocista contra una de las vías del tren con un gancho ascendente.
Estábamos ganando, pero la fatiga era nuestro verdadero enemigo. Rodeábamos la cúpula de Daniel como una manada de lobos protegiendo a su cría, luchando contra la velocidad, contra el hambre de las sombras y contra el agotamiento de nuestros propios cuerpos modificados.