Mounstruos Malditos.

Prólogo. ✓

—De acuerdo —le digo al borde mi paciencia—. Te voy a contar mi historia... nuestra historia —me corregí. Porqué aquellos recuerdos no solo me pertenecían a mí, también eran suyos—. Pero tienes que creerme.

—Me has mentido desde que llegué y ahora exiges que te crea —recrimino, aquel deje de melancolía no hacía más qué afligir mi alma... si es que aún la tenía.

—La que ha mentido desde que llegó has sido tú y por tu culpa han pasado muchas desgracias —el recuerdo de la muerte de mi hijo aún estaba fresco en mi memoria. Sin darme cuenta la había hecho responsable, de nuevo.

—Y ya me lo has hecho pagar —alzó su barbilla, la visión de su cuello vendado me hizo sentir todavía más enfermo—. Pero si aún no has cobrado tu deuda, toma mi vida. Termina lo que empezaste y matame.

—Si te quisiera muerta no te habría sanado. ¿Conoces la historia que está en la biblia del primer asesino de la humanidad?

—¿Ahora eres creyente? —Se burló y no pude evitar encontrarle la gracia.

—Sí. Lamentablemente lo conozco muy de cerca. Y tú también lo harías si no olvidaras tu maldita vida cada que mueres y vuelves a nacer.

—No entiendo absolutamente nada.

—Cuando su hermano menor intentó violar a su mujer —comencé a narrar al menos los puntos más importantes de la historia—, jamás pensó que su castigó iba a ser tan burdo luego de matarlo por accidente. Porque no había sido su intención asesinarlo, aunque luego nadie le creyera y todos lo culparan sin lugar a dudas... Excepto ella.

Por supuesto, había que tomar en cuenta que Awan aún no era su mujer, no estaban casados pero pronto lo iban a estar. Y si todavía no lo estaban toda la culpa era de Abel.

Adán siempre lo favorecía a él, por alguna extraña razón Abel siempre había sido el favorito de su padre. El predilecto de todos en realidad, dejando poco, por no decir nada, de espacio para los demás.

Y si Abel quería a Awan, Adán estaba dispuesto a dársela. Aunque ella quisiera a Caín...

Quería contarle las cosas de manera imparcial, pero la verdad es que ni siquiera sabía cómo comenzar a decirle todo lo que tenía por contarle.

Aunque Awan me quisiera a mí.

Luego de que nuestro padre dijese que ella y yo podíamos unirnos después de los sacrificios a HaShem, a mi hermanito no le hizo nada de gracia ver al objeto de su deseo en brazos de otro.

Abel la quería para él, de alguna forma logró convencer a Adán de negarme su bendición para nuestra unión. Dijo que en vista que yo era el mayor mi segunda hermana sería más propicia para mí.

Azura era mayor que tú, ella tenía que casarse primero según nuestro padre. Pero el único contento con esa decisión era Abel, hasta Azura se negó. Ella sabía que yo no la amaba y que ninguno de los dos seríamos felices si nos uniamos.

—Espera —me interrumpió, podía oír lo veloz que iba su corazón y lo mucho que le estaba costando entender de lo que le estaba hablando—. ¿Hablas de que tú eres Caín? ¿Enserio? ¿Eres el Caín de la biblia?

Asentí—: Yo soy Caín.




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