Mr Black

Mr Black

Mr Black. Capítulo 1–

—Gary, te dije que no te metas con mis cosas, rayos, ¿es tan difícil seguir esa regla? —bufé encarando a mi estúpido hermano. Mi voz había salido cargada de fastidio, de ese cansancio que no se va nunca.

Gary, como siempre, no parecía afectado en lo más mínimo. Sonrió ladeado, apoyado despreocupadamente contra el marco de la puerta, como si mi enojo fuera parte de un espectáculo diseñado solo para entretenerlo.

Para ese cretino todo era un juego. Siempre lo había sido. Y eso me sacaba de quicio.

—Tranquila, reina de la amargura, solo tomé prestados tus headphones, no es nada como para que armes un drama hollywoodense—se burló y fruncí el ceño apretando los puños, dispuesta a golpearle el rostro. Pero en ese instante entró mamá.

Sí, mi madre. Que todo el tiempo se ponía de su lado y lo defendía, cuando por supuesto mi hermano no tenía la razón, pero como él era su favorito, siempre ganaba.

—Ravenna, ya te dije que no me gustan los gritos en esta casa, ya tengo suficiente con los problemas de tu padre, como para que tú también vengas a hacer escándalo por algo tan tonto como unos audífonos—me regañó y apreté los labios porque era exactamente eso lo que odiaba de mi madre, que yo siempre era la mala de la película, y mi hermano un inocente angelito.

—Mamá, es que Gary se metió a mi habitación, sabes que no me gusta que...

—Ya te dije que no quiero discusiones—me cortó antes de poder explicarle, luego miró a mi hermano que estaba con esa típica expresión divertida de triunfo—. Y tú devuelve eso que no es tuyo —le arrebató los headphones de las manos y me los lanzó, eso me hizo parpadear confundida, era primera vez que mamá no se ponía completamente del lado de mi hermano, incluso él frunció el ceño.

—Eh. Mamá... ¿estás bien? —cuestioné y ella arrugó el ceño ladeando la cabeza.

—No, no estoy bien. Porque resulta que ustedes me sacan de quicio—gruñó furiosa y salió de la habitación de mi hermano, dejándonos completamente confundidos a ambos. Gary tenía cara de "y a esta que le pasó" yo igual, porque realmente mi madre se notaba muy estresada, y por supuesto que no era únicamente por una discusión entre mi hermano y yo que ella se encontraba así.

Miré a Gary con intriga pensando si había algo que nosotros no teníamos en cuenta que estuviera molestando a mamá.

—¿Sabes si discutió con papá? Es que parece más enojada de lo normal—pregunté y él encogió los hombros.

—No lo sé, pero creo que algo malo le pasó porque desde esta mañana está muy estresada y también como si estuviera pensativa—indicó él mirando en dirección a donde se había ido nuestra madre. Yo de manera instintiva también puse mi atención a ese lugar. Suspiré, sintiendo un peso extraño en el pecho.

—Bueno, quizás se le pase—dije—, ahora tú—amenacé apretando los dientes—. Si vuelves a meterte a fisgonear en mi habitación, voy a venir aquí cuando estés dormido y te raparé la cabeza, ¿entendido? —confirmé y en una sonrisa juguetona puso las manos frente a su pecho con las palmas abiertas en señal de rendición.

—Ok, mensaje recibido.

Yo asentí satisfecha y salí de su habitación para ir a la mía.

Jugué con los audífonos entre mis dedos observando a la sala esperándome encontrar a mi madre, pero al parecer ella estaba en su habitación.

La curiosidad me hizo caminar a la puerta de su cuarto y me quedé pasmada cuando del otro lado de la puerta oí sollozos.

¿Esto es en serio, mamá llorando?

Mi preocupación creció, porque si había algo que mamá no hacía muy seguido era llorar, sin embargo, ahí estaba ella llorando por algo que empezaba a despertar mucho más mi curiosidad.

Escuché pasos y me fui de inmediato porque no quería que mi madre se diera cuenta que la estaba espiando, eso sería un castigo sin derecho a defensa, por lo cual corrí a mi habitación y cerré la puerta para echarme en la cama y abrir un libro que no leí.

Horas más tarde me había quedado dormida, miré el reloj y marcaba casi las 12:00 de la madrugada, un bostezo se me escapó y estiré el cuerpo viendo por debajo de mi puerta la luz filtrándose con sutileza. Me quedé quieta observando por un instante y luego pasos que se acercaban justo a mi habitación, mi padre se asomó preguntándome si estaba despierta, yo contesté afirmando y él entró. Sus pasos eran lentos casi pesados como si llevara algo invisible sobre sus hombros.

—Cariño, quiero que vengas un momento, ha venido el señor Black y quiero presentártelo —explicó él. Eso me generó intriga porque papá siempre había dicho que su jefe era un hombre muy ocupado. Y si mal no recordaba solo lo había visto una vez. Me pareció un hombre muy apático e incluso me daba miedo.

¿Pero espera, dijo que quería presentarme a su jefe?

Eso era desusado, incluso para mi padre que era el rey del misterio. Nunca nos decía nada sobre su trabajo, siempre llegaba tarde, pocas veces en casa. Pero ya estaba acostumbrada a todo eso. No obstante, me pareció sospechoso el hecho de tener que presentarme a su jefe, cuando lleva más de dos años trabajando para él.

—Papá, por qué quieres presentarme a tu jefe. Es que no quiero salir, no estoy en fachas. Además yo...—no me dejó terminar.

—Ravenna, te dije que vamos, ahora obedece —instó y me quedé paralizada con el tono que estaba utilizando, pero estaba tan ocupada cuestionando su comportamiento y lo tenso del momento, que no había notado algo en mi padre.

¿Acaso tenía un ojo morado?

Esto cada vez tomaba un ambiente más sombrío, qué le había sucedido a mi padre.

Quién lo había golpeado. Tenía muchas preguntas, que obviamente no iban a ser respondidas, debido a que mi progenitor no me diría nada. Por lo cual me levanté de la cama, le dije que me diera al menos cinco minutos para arreglarme.

Hice lo mejor que pude en tan poco tiempo, salí asomando la cabeza primero y escuché esa voz profunda y atemorizante, como si ocultara muchos secretos. La cual me hacía recordar a esos programas antiguos de televisión donde el narrador siempre te mantenía en expectativa, preguntándote que sucedería luego.




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