Capítulo 26: La noche y nosotros
La luna colgaba sobre el mar como una promesa. La arena estaba tibia, el aire salado, y el sonido de las olas era el único testigo de lo que estaba por suceder.
Suzy caminaba descalza por la orilla, con el vestido rojo recogido en las manos. Jackson la seguía, en silencio, con los ojos clavados en ella. El incidente con el turista aún le ardía en el pecho, no por inseguridad, sino por la intensidad con la que la deseaba. No solo su cuerpo. Su atención. Su risa. Su mundo.
—¿Estás muy callado —dijo Suzy, girándose hacia él.
Jackson se acercó, tomó su rostro entre las manos.
—Estoy tratando de no decir algo que suene desesperado.
Suzy sonrió.
—¿Y si lo dices igual?
Jackson la miró, con los ojos oscuros y sinceros.
—Te quiero. Te quiero tanto que me da miedo. Y cuando ese tipo se acercó, sentí que podía perderte en un segundo. Y eso me hizo querer tenerte más cerca que nunca.
Suzy lo abrazó. Fuerte. Como si pudiera fundirse con él.
—No me vas a perder. No esta noche. No nunca.
Jackson la besó. Esta vez sin contención. El beso fue lento al principio, luego más profundo, más urgente. Suszy respondió con la misma intensidad, como si el mar les diera permiso para dejar de pensar.
Se tumbaron sobre una manta que Jackson había traído. La arena se pegaba a sus pieles, pero no importaba. Las manos se buscaban, se reconocían. El vestido cayó con suavidad. La camisa se abrió como si supiera que ya no hacía falta esconder nada.
La noche se llenó de susurros, de caricias, de respiraciones entrecortadas. No fue perfecto. Fue real. Fue ellos. Fue la primera vez que se amaron sin miedo, sin interrupciones, sin el peso del mundo sobre sus espaldas.
Después, se quedaron tumbados, mirando las estrellas.
—¿Esto cambia algo? —preguntó Jackson.
Suzy se giró hacia él.
—Sí. Ahora sé cómo se siente ser completamente tuya.
Jackson la abrazó.
—Y yo, completamente tuyo.
***
Al día siguiente, mientras desayunaban en la terraza del bungalow, el turista volvió a aparecer. Esta vez con gafas de sol y una sonrisa más contenida.
—Buenos días —dijo, mirando a Suzy.
Jackson se tensó.
Suzy respondió con cortesía.
—Buenos días.
El hombre miró a Jackson.
—Tranquilo, amigo. Solo vine a disculparme. No fue mi intención incomodar.
Jackson lo miró, sin responder.
El hombre se giró hacia Suzy.
—Y tú… sigues siendo hermosa. Pero ahora veo que estás donde quieres estar.
Suzy sonrió.
—Exactamente.
El hombre se fue.
Jackson soltó el aire que había estado conteniendo.
—¿Crees que me volví loco?
Suzy se acercó, lo besó en la mejilla.
—No. Solo estás enamorado. Y eso, a veces, se parece un poco a la locura.