Mr. Penguin

Capítulo V | El Admirador Secreto

La sombra me llevó a un pequeño cuarto cuya única forma de acceder era por unas escaleras de fierro en la abandonada calle. Prendió la luz. Era un cuarto sin ventanas ni nada que permitiese a la luz de afuera entrar, con las paredes descarapeladas, la base de una cama y un casillero. El piso estaba cubierto de flores rosas, ¡Camelias! Como las que mamá usaba para decorar el comedor.

El cuervo que me vigilaba entró, antes de que la sombra cerrara la puerta, y se posó en su hombro. Ya con luz pude visualizar mejor a la sombra y, tal como lo había notado, vestía una túnica negra y una máscara con pico de ave. Era como si el cuervo haya tomado forma humana y ahora era un verdugo que me sacaba una cabeza, listo para ejecutarme. Estábamos frente a frente.

— El cuervo me avisó de tu llegada. Él nunca miente —habló Mr. Penguin. Me observaba atento. Me rodeé con mis brazos y temblaba de frío debido a haberme mojado en la lluvia.

— ¿C-Cómo m-me conoces?

— Por tu padre. El muy ya conocido Vittorio Bellucci, un actor italiano que vino a buscar suerte a Novoa y lo consiguió, trayendo a su familia consigo. Y, por supuesto, tú eres Gianna Bellucci, su joven hija —suspiró, pero fue como esos suspiros de alguien enamorado.

Mr. Penguin era misterioso y enigmático, y eso me fascinaba. Y mi fascinación iba en aumento debido a que, en los orificios para los ojos de la máscara, solo se apreciaba una pupila viéndome. Quería saber sobre él, ¿Quién era él? ¿De dónde salió? Pero más que nada, ¿Qué había detrás de esa máscara?

— Yo siempre te observé cuando tu padre te tría a las premieres. Siempre como su carta de presentación frente a su público para ganar simpatía. Nunca me perdí los días en los que visitabas el cine, suspirando por ti desde las sombras, pero un día dejaste de venir. La fuente de mi alegría se había ido y maldije a tu padre por arrebatarme a mi musa inspiradora.

— Papá… papá mintió. Prometió que nos cuidaría y no nos defraudaría, pero lo vi feliz en brazos de otra mujer. Incluso la besó. Cuando tenga la oportunidad, se casará con ella y nos abandonara.

— Lo sé. Entiendo tu dolor. Tu padre y su amante son personas egoístas. Creen que el mundo gira a su alrededor y todo debe estar a sus pies, pero no se detienen a pensar en las consecuencias de sus actos. No te entristezcas por personas así. No quiero que mi bello ángel este triste.

— No estoy triste. Estoy decepcionada por papá y siento desprecio por esa mujer —dejé de rodearme con mis brazos y temblar—. Me gustaría poder poner mis manos alrededor de su delicado cuello y… —hice un ademan— comprobar si los ojos se le saldrían del rostro al asfixiarla…

— Gianna… tu actitud cruel te vuelve más atractiva. Y, a pesar de que la lluvia arruinó tu aspecto, sigues luciendo hermosa —el cuervo cambió de posición, posándose ahora en el casillero—. El último día que te vi, tu padre estaba negociando con sus futuros jefes para que lo contrataran. Me deleite con tu belleza, pero mi fantasía fue arruinada por un asqueroso que te veía con ojos lascivos, como si te estuviera desvistiendo con la mirada.

Guardé silencio mientras escuchaba atenta su charla.

— Lo comprobé cuando el cerdo fue a masturbarse al baño mientras decía tu nombre. Me enfureció tanto que hice que no viera la luz del día otra vez…  

Me imaginé la escena en mi cabeza de acuerdo a como él lo describió: el pervertido entrando al baño, encerrándose en un cubículo y auto complaciéndose con mi imagen en su mente. Se viene y sale para lavarse las manos, esconder su asquerosidad, satisfecho, y entonces las luces comienzan a parpadear. Él no le toma importancia hasta que oye que la puerta se cierra de un portazo. Voltea a ver y se topa con Mr. Penguin, él la cerró.

¿Te divertiste? —dice el fantasma.

¿Q-Quién eres? —le responde el pervertido asustado.

Eso no importa. Tuviste el atrevimiento de manosearte pensando en mi amada. No quiero ni imaginarme qué harías si la tuvieras de cerca, ¿La atacarías? ¿Abusarías de ella? ¿La matarías y te desharías del cuerpo para ocultar tu crimen?

¡A-Auxilio! ¡Auxilio! ¡Un loco enmascarado me tiene encerrado en el baño!

Grita lo que quieras. Nadie te escuchara —se aproxima a él. El pervertido corre hacia las ventanas por ser su única salida—. No hay salida…

Conforme Mr. Penguin se acerca a él, las lámparas del baño se funden hasta sumirlo en la total oscuridad junto con la oscuridad de afuera. El pervertido trata de alcanzar las ventanas, pero no puede y son pequeñas que ni siquiera cabría.

Llora rezándole a su dios para que lo salve. Ya no oye los pasos del fantasma, solo su respiración agitada. Cree haberse salvado y estúpidamente da media vuelta, hacia la oscuridad.  Y de la oscuridad sale Mr. Penguin, gritándole sin la máscara puesta, mostrándole su espeluznante rostro desconocido para mí. Se queda muerto del miedo y siente como el miembro se le es arrancado salvajemente.

El pervertido cae mientras se desangra y la oscuridad de aquellos sucios baños lo engulle, esfumándose. Nadie vuelve a saber de él.

— Yo lo hice, Gianna. Yo maté a ese hombre por ti. Aquel asesinato esta enteramente dedicado a ti. Por y para ti que inclusive… —saca de entre su túnica un ojo mutilado que aún conserva restos de sangre y piel. Me lo ofreció—. Tómalo, por favor, como una muestra de mi amor hacia ti…




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