Mr Psycho la venganza contra los Creepypastas

CAPITULO 4 -EL ENCUENTRO

En medio del caos, un fuerte golpe resonó sobre el cráneo de Laughing Jack. El payaso cayó al suelo con una queja de dolor.

-¡Joder, qué gran golpe... eso duele! -gruñó, llevándose la mano a la cabeza.

-Ay, tan llorón que eres, querido Laughing Jack. No fue para tanto -respondió una voz femenina, burlona y oscura.

Era una figura casi idéntica a él, pero en versión femenina: misma sonrisa macabra, piel pálida, pero con el cabello largo hasta los hombros. Su nombre era Laughing Jill.

-Jódete -espetó Jack, furioso.

-HAHAHA, pero no quiero testigos en nuestro gran combate del siglo -añadió Jill con una sonrisa torcida y una mirada perturbadora.

-¿Oye, Laughing Jack? -preguntó ella, inclinándose un poco hacia él.

-¿Qué quieres, tonta? -respondió él desde el suelo.

-Cuando rompiste la puerta de una patada... ¿quién fue la que salió corriendo?

-Una niña -murmuró Jack, mirando hacia la casa.

Jill se relamió los labios lentamente.

-Ufff... qué delicia de miedo. Ya la huelo.

-¿Qué estás tramando...? -dijo Jack, aún adolorido.

-Tú sigue ahí, llorando como siempre. Yo me encargo de la niña -rió Jill mientras caminaba hacia la casa.

-¡Oye, perra! ¡Cuidado con lo que haces! -gritó Jack.

-Tranquilo... lo hago por amor -contestó ella con voz melosa y siniestra.

Ambos eran como gotas de agua. La única diferencia era el género. Podían pasar por gemelos, pero su rivalidad era brutal.

-¿Qué haces aquí, Jill? -preguntó Laughing Jack, poniéndose de pie lentamente.

-Relájate. No vine a pelear... esta vez.

-¿¡Y el golpe en la cabeza, qué!? -gruñó Jack.

-Esa es mi forma de saludar -sonrió Jill con dulzura fingida.

-Te odio.

-Yo te amo -respondió ella con voz amable y burlona.

-¿Y ahora qué? ¿Vamos por la niña?

-Obvio -dijo Jill, volviéndose seria de pronto.

-¡Oye, zorra! La niña es mía. Yo la vi primero -reclamó Jack, rechinando los dientes.

-Tranquilo, Jack... -dijo Jill mientras corría escaleras arriba.

-¡El primero que la encuentre, la atrapa! -gritó ella mientras desaparecía por el pasillo.

-¡Eres una tramposa! -bramó Jack, corriendo tras ella.

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Arriba, Nicol temblaba bajo su cama. Su corazón golpeaba su pecho con fuerza. El miedo era tan intenso que apenas podía respirar.

Del otro lado de la puerta, Laughing Jill la olfateaba como un lobo rastreando a su presa.

-Me encanta el olor al miedo... -susurró.

Intentó girar la perilla, pero estaba cerrada. Frunció el ceño y comenzó a darle patadas. Cada golpe hacía temblar la puerta.

-¡Ábrete, maldita puerta! -gruñía-. ¡Vamos, pequeña! Solo quiero jugar...

Finalmente, la puerta cedió con un estruendo. Jill sonrió con deleite.

-¿Dónde estás, mi dulce niñita...?

Su voz era suave como una canción infantil, pero cargada de intenciones siniestras. Avanzó lentamente por la habitación, los pasos crujían sobre el suelo de madera, cada vez más cerca de la cama.

-Ya sé dónde estás... -susurró-. ¡Aquí estás!

Se agachó y encontró a Nicol debajo de la cama. La niña soltó un grito de terror al ver el rostro de aquella mujer.

Jill la sujetó del brazo con fuerza y la sacó del escondite.

-¡Aaaahhh! ¡Auxilio! -gritaba Nicol, desesperada.

-Grita, grita todo lo que quieras... Nadie vendrá a salvarte -rió Jill con crueldad.

Justo cuando la iba a levantar en brazos como un trofeo, un estruendo retumbó en el pasillo. La puerta principal fue destrozada.

-¿Qué...? -murmuró Jill.

Una sombra oscura entró a la casa. Silenciosa. Cargando una katana en la espalda, el rostro cubierto por la oscuridad y una quemadura aún fresca en la mejilla.

Era Mr. Psycho.

-¡Suéltala! -ordenó con voz firme, helada como una cuchilla.

Los ojos de Laughing Jill se iluminaron con una mezcla de sorpresa y emoción.

-Ohhh... esto se puso interesante.

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