-¿En serio soy tan pendejo? ¿Cómo pudo Mr. Psycho descuidarse de esa manera...? -murmuró Homicidal Liu entre dientes, mientras pensaba-. Mmm... pero aún hay una opción... espero que funcione.
De repente, Liu salió de sus pensamientos y echó a correr para escapar del oscuro callejón.
-¡Oye, atrapa a ese sucio traidor! -gritó el espíritu del Titiritero con voz arrogante.
-No me tienes que dar órdenes a mí -contestó Bloody Painter con firmeza-. Tenemos las de ganar: somos dos contra uno. Vamos los dos por él.
Liu salió disparado del callejón, perseguido por sus dos oponentes... y por su supuesto aliado, Mr. Psycho, todavía controlado por el Titiritero. Ahora eran tres contra uno: una pelea claramente desigual.
El asesino frenó en seco, murmurando en voz baja:
-Sabía que estaba cerca...
Ante él se alzaba una iglesia católica imponente, blanca, con un gran Cristo sobre las enormes puertas de madera. A cada lado, dos ventanales oscuros. Con agilidad felina, Liu rompió uno de ellos y se escabulló al interior.
Dentro, el ambiente estaba cargado de silencio y solemnidad. En el centro, el altar. Sobre él, un atril con una gran Biblia, y detrás, un cuadro de la Última Cena.
-Espero que esto funcione... -susurró Liu con voz cansada.
No tardaron en alcanzarlo. Por la misma ventana entraron el Titiritero, riendo de forma macabra, Bloody Painter y Mr. Psycho con su katana lista.
-No volverás a escapar -dijo el espíritu con tono cruel.
Liu, en el altar, se preparó para lo que vendría.
-¡Voy yo primero, es mío! -exclamó Bloody Painter con determinación.
Se lanzó contra Liu, pero este lo recibió con una parada brutal en el estómago que le cortó la respiración, arrojándolo contra el suelo.
-¡Vamos, levántate, cobarde! Esto no ha terminado -dijo Liu con arrogancia.
Bloody Painter se levantó tambaleante, los dientes apretados de rabia.
-¡Si no puedes con él, déjamel...!
-¡Cállate! ¡Lo haré pedazos! -rugió, interrumpiendo.
Bloody atacó de nuevo, pero Liu, veloz, lo interceptó. Con su mano izquierda le lanzó un puñetazo directo al rostro, seguido de una patada baja que lo dejó indefenso. Aprovechando el momento, Liu hundió su cuchillo en el ojo izquierdo del pintor. Los gritos de dolor llenaron la iglesia.
-¿No dijiste que me ibas a matar? -susurró Liu con una sonrisa macabra.
Sacó el cuchillo, y con su otra mano tomó a Bloody del cuello, levantándolo en el aire con una fuerza casi inhumana. La sangre manchaba su rostro y caía gota a gota al suelo.
-Seré "gentil" contigo -rió Liu-. Di tus últimas palabras.
-Vete al diablo... -escupió el pintor.
-Jajajaja... -se burló Liu, antes de hundir tres veces el cuchillo en su estómago. La sangre brotó de su boca. Finalmente, lo lanzó al suelo y, para asegurarse, le cortó la garganta.
El cuerpo quedó inmóvil.
-Eso fue todo... qué patético -comentó el Titiritero con desprecio.
-Y tú serás el siguiente -dijo Liu, desafiante.
-¡Jajajaja! Pobre tonto. No podrás conmigo. ¡Yo no soy tan fácil de acabar como ese pintor de quinta! -rugió el espíritu, controlando el cuerpo de Mr. Psycho.
La katana brilló bajo la tenue luz. Liu sabía que enfrentarlo de frente sería un suicidio. Miró a su alrededor, buscando desesperadamente algo.
El Titiritero lo observaba, intrigado.
-¿Qué estás buscando? -preguntó, mientras se acercaba con lentitud.
Liu no respondió. Revolvía el altar, mirando entre el cuadro de la última Sena, ignorando por completo a su enemigo.
De pronto, lo encontró: una cuerda gruesa, apenas visible bajo la penumbra.
Pero no tuvo tiempo de reaccionar. Sintió el frío acero atravesar su costado izquierdo. Giró la cabeza: era la katana de Mr. Psycho, dirigida por el Titiritero desde varios metros de distancia.
-¡Mierda! -gimió Liu, mordiéndose los dientes por el dolor-. ¿Cómo diablos puedes manipularlo desde tan lejos...?
-No estoy jugando -replicó el Titiritero, con rostro serio.
Con una fuerza de voluntad sobrehumana, Liu se arrancó la katana de su costado, la sangre fluyendo de la herida. Corrió hacia la cuerda, murmurando una oración en voz alta:
-¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra los espíritus malignos y las asechanzas del demonio! Que Dios manifieste sobre él su poder. ¡Amén!
Tiró con fuerza, haciendo sonar las campanas de la iglesia.
-¡Calla ese maldito ruido! -gritó el Titiritero, llevándose las manos a los oídos.
En ese instante, los hilos que controlaban a Mr. Psycho comenzaron a romperse. Él recuperó la conciencia, parpadeando confundido.
-¿Qué... qué pasó aquí? -murmuró.
-¡Cállate y jálalo hacia acá! -ordenó Liu, sangrando pero firme-. ¡Cuanto más cerca esté del sonido, más fácil será acabar con él!
Mr. Psycho entendió y, con fuerza sobrehumana, tiró de los hilos que lo ataban, arrastrando al Titiritero contra el cuadro de la última sena.
Mientras tanto, Liu volvió a hacer sonar las campanas, elevando aún más la voz:
-¡¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha! Sé nuestro amparo contra los espíritus malignos y las asechanzas del demonio. ¡Que Dios manifieste sobre él su poder! ¡Amén!!
El espíritu del Titiritero gritó con furia mientras su cuerpo comenzaba a desintegrarse en un humo negro.
-¡¡Volveré!! -chilló, antes de desaparecer.
Los hilos que ataban a Mr. Psycho se deshicieron en el aire.
-Joder... al fin terminó -dijo él, agotado.
-Cállate la puta boca y ven a vendarme con mi bufanda -respondió Liu, jadeando.
-Jajaja... deja de ser tan ruidoso. Hierba mala nunca muere -replicó Psycho con una sonrisa torcida.
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