Primera operación; mis manos temblorosas me traicionaban.
¿Qué tan cruel es cortar la piel de un ser humano?
— No tengas miedo al cortar; ya la piel tiene profundos cortes —aseguró uno de los cirujanos.
— ¡Quiero amar ahora! —gritaba aquel cuerpo inconsciente.
Mentirosos; aquel cuerpo tenía vida propia, pues sus pensamientos me atormentaban cuando abrí su cerebro.
Le extraje todo, no dejé nada. Había palabras y muchos "te amo" sin acciones; el último verano, un hermoso recuerdo, pero también lo extraje. Le dolió más que cualquier otra cosa, pues su cuerpo entró en convulsiones y luego en un paro cardíaco.
Lo hice mal, este paciente moriría en mis manos.
Pero volvió nuevamente y quedaba una sola cosa: la tinta negra era la única que sustituía su sangre. Al darme cuenta, su sensibilidad aún quedaba en el cerebro; cruelmente se la extraje también. La operación había terminado.
Cuando cosí la herida, sangraba tinta, y al matar a un poeta, se me quedaron en las manos sus tormentos.
Pero cuando despertó, ya había terminado.
Le diagnostiqué muerte cerebral; ahora las espinas no le harían daño, y ni siquiera recordaba tener heridas profundas en su piel.
Una operación exitosa; el poeta no tenía esperanzas, moriría si seguía respirando la traición y el desprecio de poco amor.
Tan poco amor que terminó eliminando su amor; por eso decidió no recordarlo.
Quitándome los guantes y lavando la sangre, las palabras y los recuerdos dolorosos hacen que sienta terror al querer enamorarme.