Muerte Cerebral

Biopsia Emocional

Hay una geometría precisa en el desorden que me habita cuando apareces.

No necesito nombrarte para saber que mis sistemas colapsan en tu presencia.

Eres el eclipse que nubla mi razón, un diagnóstico que acepto con masoquista placer.

​Te observo. El cabello lacio, un caos que desafía la gravedad sobre tu frente, invitando a mis dedos a perderse en su laberinto.

Tus ojos achinados, esas ventanas que no dejan traslucir luz, fríos como acero quirúrgico que me corta antes de tocarme, distantes, confusos.
Son un enigma médico que no logro descifrar: ¿qué hay detrás de esa muralla de hielo?.

​Tu porte es una arquitectura de poder, un monumento a la fuerza que me intimida y me atrae a partes iguales. Los músculos de tu cuerpo son una topografía de deseo, marcados bajo tu ropa, prometiendo un refugio que sé que puede ser mi perdición.

Me paralizan, me convierten en una paciente esperando su dosis diaria de tu presencia.

​Y entonces, el contacto. Un roce que, aunque mínimo, se siente como una intervención quirúrgica en mi alma.

Tu pie roza el mío bajo la mesa. Es una toma de pulso visceral, un chequeo rápido de mi vulnerabilidad. Siento la textura de tu piel, el peso de tu presencia en ese breve contacto, y mi sangre se convierte en un río de adrenalina.

Mi cuerpo grita por más, por la anestesia de tu contacto, por el olvido momentáneo que solo tú puedes recetar.

​Recuerdo la última vez. El sonido de tu respiración en mi oído, el calor de tu cuerpo sobre el mío, el sabor metálico de la pasión en mi boca. Fue un tratamiento intensivo, una terapia de choque que me dejó temblando, exhausta, pero extrañamente viva.

Quiero volver a ser tomada por ti, que tus manos me exploren como si fueran un bisturí buscando el placer más profundo, el dolor más dulce.

Quiero perderme en tu fuerza, sentir cómo mi cuerpo se dobla y se rompe bajo el peso de tu deseo, hasta que el placer sea insoportable y la única cura sea tu rendición final.

​¿Por qué me niegas este tratamiento, este alivio para mi ansiedad insoportable? ¿Por qué me dejas aquí, en esta sala de espera de la desesperación, anhelando tu toque, tu sabor, tu todo?.

Prescríbeme tu presencia, aunque sea una sola noche, un solo momento de tu fuego, y prometo que no pediré nada más. Al menos, hasta que el deseo vuelva a consumir mi ser, y tenga que volver a rogar por mi dosis diaria de ti.



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En el texto hay: por capitulo, 50 poemas

Editado: 30.03.2026

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