Condenada, dramática, histérica, empalagosa, siniestra, loca... ¿loca? Tú también crees que estoy loca, ¿verdad?.
Si te cuento mis deseos y mis gustos; si te cuento la historia de aquella vez que me tenían medicada en un cuarto blanco...
Solo deseó una cosa: ser amada.
No incomprendida, no querida, no tonta, no... no con tan poco.
No con las migajas que caen de una mesa ocupada,
ni con el afecto que se mide en frascos de farmacia.
Me llamas loca porque mis gritos tienen eco,
mientras los tuyos mueren ahogados en el pecho.
¿Qué sabes tú de las paredes que se cierran?
De ese blanco que no es paz, sino vacío,
donde el silencio pesa más que las cadenas
y el tiempo se arrastra como un animal herido.
Si me asomo al abismo y me devuelvo,
no es por falta de valor para la caída,
es porque busco un fuego que no sea ceniza,
una mirada que me nombre sin juzgar la herida.
Búscame en el caos, si es que te atreves,
fuera del diagnóstico, lejos del reproche.
No estoy rota, solo estoy despierta
en medio de tu larga y cuerda noche.