Abren mi pecho sin pedir permiso,
con guantes blancos y ojos fríos,
vienen a curarme, dicen ellos,
mientras yo tiemblo en este quirófano vacío.
Ustedes, que entran en mi vida como dueños,
no entienden el latido que intentan reparar.
Tienen las manos llenas de reglas,
pero el alma seca de tanto juzgar.
Yo los miro desde mi camilla de cristal
y veo lo que esconden bajo el uniforme:
son monstruos de pensamientos uniformes,
gigantes de piedra que no saben amar.
Me cortan las venas que sueñan,
limpian la sangre que se atreve a sentir,
porque para ustedes estar viva
es solo dejar de sufrir.
Me llaman enferma por pensar distinto,
por ver colores donde ustedes ven gris,
por no encajar en el molde pequeño
que diseñaron para hacerme feliz.
Cierren la herida, dejen el bisturí,
no pueden operar lo que no pueden ver.
Soy la única humana en esta sala de espejos,
y prefiero mi herida... a ser uno de ustedes.
No permitas que manos de piedra intenten reparar tu corazón de cristal; a veces, lo que ellos llaman 'error' es solo el brillo de ser diferente.