Muerte Cerebral

Te recordaré

Te recordaré por siempre, como la cicatriz de una herida profunda que duele en el frío.

​Como esas canciones en donde se recuerda más de lo que se disfrutan. Pero cómo se disfrutan... Es como un dolor soportable, aunque en su momento no lo haya sido.

​Cicatriz de más de mil puntos, que en su momento dolió pero ninguna lágrima salió. Aun así, el corazón se congeló: no sintió, no quiso latir.

​Flores marchitas en el 3 de julio; aun así las riego para que vuelvan a vivir. Aun así, hay otra fecha del año en donde, en la misma cicatriz, recibí una puñalada directa al corazón.

​¿Cuántas heridas recibiré? ¿Por qué la muerte es tan cruel? Tanto que la deseo, y se va con los que amo.

​Te recordaré como mis manos pequeñas, mis uñas pintadas de rojo y esa noche en donde la luna también enseñaba que ella podía vestirse de rojo.

​Recordaré la canción, el momento; aun así apenas está sanando la herida, porque en su momento no sangró lo suficiente, se quedó coagulada y ahora sufre las consecuencias de la soledad.

​Maldita soledad y miedo a la muerte, pero sin sentir nada como para vivir.

​Te recordaré; vivo en el recuerdo y me da miedo salir de ahí. Porque, ¿y si se abre la herida?

​Ese 3 de julio vi la flor más bonita, y no estaba en mi jardín, sino que crecía libre en el bosque de mis sueños.

​Y entonces lo comprendí: te recordaré como esa canción antigua pero hermosa, tan delicada; la bailaré y la cantaré para ti.

​Para una de las estrellas que alumbra mi camino en las noches.

Eres mi tristeza de verano.

​Por último, quiero decirte que si lees esto, allá en donde estés: fuiste el mejor, me diste amor, y de eso queda poco ahora; eso te hará único por siempre. Porque estuviste ahí cuando empecé a caminar.




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