A veces, cuando miro al cielo, veo figuras, y son precisamente figuras de un futuro bonito; a veces lo observo como algo que nunca podré alcanzar.
Cuando voy por la calle, no me fijo en si pasó por mi lado un hombre guapo o si están vendiendo alguna ropa o zapato de marca; sino que miro al suelo constantemente, hasta saberme de memoria en dónde están las piedras estratégicamente.
Cuando salgo, sonrío, bailo, quizás me emborrache y le dé unas miradas al chico más malo del grupo sin saberlo. Tengo un imán para eso, para encontrar chicos que no son buenos para mí.
También quizás le crea las mentiras que me cuente, aunque sepa perfectamente que son mentiras.
En la fiesta iré directamente hacia la comida y, aunque mi estómago no pueda albergar tanta, intentaré con todas mis ganas comerlo todo.
Iré al gimnasio y seré la chica que va sola, algunas veces con sus amigos, pero aun así cargará todo sola, y quizás en sus brazos encuentres varias cicatrices.
Esa es la mujer rota. A pesar de que vaya sola, anhelo un amor grande, que cubra todas las heridas, aunque eso provoque que me hagan otras.
Saber entender a la mujer rota es saber entender que ella también quiere sanar; no la presiones, no le exijas, porque ella querrá ser libre, como nunca antes lo pudo ser.
Ella no buscará hombres ni regalos, no buscará números de desconocidos y preferirá no hablar con nadie.
Ella se quedará en su casa y pondrá música a todo volumen, verá anime y dormirá temprano. Entonces la querrán tener, pero ella no querrá ser lastimada otra vez.
Ella descansará y, sola, entenderá que se ama más que nadie, que no necesita ser elegida para saber que es especial.
Ella tomará un viaje por las montañas y se sentirá viva, libre; pero tú, si no te fijas bien, nunca la encontrarás, porque ella no busca un hombre, busca sanar encontrándose a sí misma.
Aquí te dejo el manual para entender a esa mujer que, hoy en día, prefiere estar sola antes de volver a darle una oportunidad al amor.