Mujer de alquiler

Capítulo 10.4. ¡Nada de propasarse!

Capítulo 10.4. ¡Nada de propasarse!

La pareja llegó al apartamento ya entrada la noche. Sasha guardó de inmediato todos los víveres en el frigorífico.
— Tenemos despensa para una semana —comentó Vlad con una sonrisa, valorando muy positivamente el detalle de la abuela—. Tienes unos abuelos maravillosos.
— Ya lo creo que sí.
— A ver, ¿tú crees que he superado su examen con nota? —preguntó Vlad con curiosidad.
— Si no lo hubieras pasado, todo esto no habría pisado la cocina —respondió Sasha señalando el frigorífico a rebosar.
En ese momento sonó el timbre de la puerta y Vlad fue a abrir. En el umbral apareció Alekséi con una bolsa de viaje a cuestas.
— Buenas noches. Menos mal que ya habéis llegado. Dejadme dormir aquí esta noche, por favor —suplicó el muchacho.
— A ver, Pepinillo, en los cuentos que nos leían de pequeños lo de «dejadme pasar la noche» solía acabar con el invitado echando raíces para siempre —le soltó Sasha asomándose por detrás de Vlad.
— ¡Que es solo por esta noche, de verdad! —insistió Alekséi con voz lastimera.
— Vlad, cierra la puerta en las narices a este zorro. ¡Si ha sido él el único que ha azuzado a los abuelos contra ti! —le soltó Sasha a su hermano sin una pizca de compasión—. Y encima como Olya aún no ha vuelto, te buscas un hotel o duermes en la estación. Te lo has ganado a pulso.
— Vlad, ¿ves lo mal bicho que puede llegar a ser? ¿Y de verdad quieres arriesgar tu vida atándote a alguien así? —le reprochó Alekséi.
— Como vuelvas a ofender a Sasha, te aseguro que duermes en el banco de la estación —le advirtió Vlad con tono firme.
— Vale, vale, me callo —se apresuró a decir Alekséi levantando las manos.
— ¡Una noche! ¡Solo una! —masculló Sasha por lo bajo.
Alekséi entró en el apartamento y dejó la bolsa en el suelo.
— Oye, ¿hay algo de comer? —preguntó de inmediato.
— Eres el protagonista del dicho: «déjame pasar la noche porque me muero de hambre» —bufó Sasha—. Vlad, ¿se puede saber por qué le has abierto?
— Sashuñe, tu abuela nos ha mandado tantas cosas que da de comer a un regimiento entero. Que coma, hombre, que si no se va a echar a perder —medió Vlad.
— De acuerdo —cedió Sasha de mala gana—. Pero que quede claro: recoges todo y friegas los platos tú solito.
— Por favor, cenad conmigo, me da pena comer solo —rogó Alekséi con tono de mártir.
— Espero que no haya que darte la papilla con cucharita —rezongó Sasha mientras empezaba a sacar platos de la nevera. Por muy insoportable que fuera Alekséi, seguía siendo su hermano.
La chica calentó la comida en un momento y montó la mesa. Mientras Vlad y Sasha optaron por cenar verdura y un trozo moderado de pescado, Alekséi devoraba como si no hubiera un mañana.
— La abuela se ha lucido —reconoció el chico con la boca llena cuando por fin sació el apetito.
— ¿Cómo que solo la abuela? ¡Que yo le ayudé a cocinar! —protestó Sasha—. Anda, vete preparando, que te voy a hacer la cama en el sofá. Pero que conste que es por una vez y sin que sirva de precedente.
Sasha se marchó a buscar ropa de cama, moviéndose ya con total soltura por el piso.
— Y luego presumen de lazos de sangre —intentó ganarse Alekséi la complicidad masculina de Vlad.
— Pues yo diría que tienes suerte —respondió el joven.
— ¡Uf, muchísima! Si no te dibuja bigotes con verde de kórner, te esconde los zapatos o te pega las aletas de buceo a las zapatillas —se lamentaba Alekséi—. Llevo sufriendo sus bromitas pesadas toda la vida.
— Oye, pues a Ostap y a Oleg no les hace esas trastadas —le recordó Vlad con lógica aplastante.
— ¡Porque esos son unos pelotas y yo soy un defensor de la verdad! —se jactó Alekséi—. A todo esto, ¿cómo la aguantas?
— ¿Te acuerdas del ultimátum de antes? Lo mismo te toca buscar la estación —le refrescó la memoria Vlad.
— Calla, que ya no digo nada.
Terminada la cena, Vlad se disponía a marchar a su dormitorio y Sasha al suyo, desendose mutuamente —incluido Alekséi— buenas noches, hasta que el Pepinillo decidió meter baza:

— Espera, un momento... ¿Me estás diciendo que dormís en habitaciones separadas?
— ¡Pues claro que no! —respondió Sasha al vuelo—. Ahora mismo voy a buscar mis cosas y me meto en la cama.
— Ah, vale, vale... Es que me creía que lo vuestro de la parejita ideal era una obra de teatro. Aunque, bien mirado, ¿quién aguantaría los humos de esta bruja si no estuviera colado hasta los huesos? —filosofaba Alekséi.
— La estación está a diez minutos andando —apostilló Vlad con calma.
— ¡Pepinillo! Estás agotando mi paciencia y te queda muy poco margen. Mañana sin falta, a primera hora, sales de aquí. Nosotros nos vamos a trabajar y tú te buscas un piso de alquiler —sentenció Sasha antes de dirigirse a su habitación a por sus cosas.
«¿A qué mil demonios se me habrá ocurrido decir que dormíamos juntos?», pensaba mientras caminaba contrariada. ¿Y ahora qué iba a hacer? ¿Obligarle a dormir a él en el sillón o en la alfombra de su propia casa? ¡Vaya cabezonería la suya por dejar entrar al Pepinillo! En fin, menos mal que pasado mañana regresaba Olya; ella sí que sabría darle a su querido hermano una buena dosis de celos para que escarmienta.
Vlad, ajeno al arrebato mental de la chica, había rebuscado en el armario y sacado otra manta, consciente de que Sasha terminaría apareciendo por su cuarto. Menos mal que había insistido en alojar al cuñado cotilla; al fin y al cabo, ¡aquella era una oportunidad de oro para estar más cerca de ella!
— He conseguido otra manta por si acaso —le avisé Vlad en cuanto la vio entrar en la habitación enfundada en su pijama de pantaloncitos rosas. Estaba irresistible.
— Bien. Me pondré en la esquinita, ¡pero ni se te ocurra propasarte! —le marcó terreno Sasha.
— ¡Ningún intento, palabra! —aceptó Vlad al instante.
Vlad cumplió su promesa a rajatabla y no se movió ni un milímetro de su lado del colchón; todo lo contrario que Sasha, quien dio tantas vueltas como una peonza, durmió ocupando toda la cama en forma de estrella de mar y, al amanecer, se acurrucó pegadita a Vlad hasta echarle una pierna por encima. Pero bueno... ¿qué se iba a hacer? ¡El trato era el trato: nada de propasarse por su parte!




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