Capítulo 12. La propuesta
Angélica se sentó en el sillón frente a Timur y lo miró. Por un lado, era estupendo que él no quisiera vivir con ella y le diera total libertad de acción. En público sabría apañárselas para fingir amor, pero a su lado resultaría difícil. Menos mal que no le interesaba la intimidad, porque no habría podido soportarlo todos los días ni dormirse en la misma cama. Casi le dan náuseas mientras lo desnudaba. ¿Cómo se puede llegar a semejante estado? Pero esos eran problemas suyos. Ahora lo que a ella le interesaba era el estatus oficial de esposa y la oportunidad de dejarse ver por la oficina.
—¿Y bien, qué te parece mi propuesta? —fue directamente al grano Angélica.
—¿Tu mano y tu corazón? —soltó una risita socarrona Timur—. No necesito ninguna de las dos cosas. Estoy dispuesto a un matrimonio por contrato en condiciones mutuamente beneficiosas.
—¿Qué condiciones? —preguntó la mujer con impaciencia.
—La vida personal de cada uno es asunto de cada uno. No meterse en los asuntos ajenos, pero en público aparentar ser una pareja profundamente enamorada. Cenas familiares, reuniones, festividades... por acuerdo previo, pero con un mínimo de contacto físico —dijo Timur, desconcertando un poco a Angélica con esta última frase. Ella se creía una belleza increíble y hasta le sentaba un poco mal que él, no es que no la deseara, sino que se mostrara totalmente frío con ella. Pero tanto mejor.
—Acepto.
—Eso no es todo. El aspecto material del acuerdo. Recibirás de mí una cantidad fija de dinero en tu tarjeta. En caso de divorcio, todos mis bienes seguirán siendo míos y no podrás reclamar nada —continuó Timur.
—¿Y si tenemos hijos en común? —formuló la pregunta Angélica por algún motivo. Al fin y al cabo, seguía albergando la esperanza de arrastrarlo a la cama a toda costa.
—¿Qué hijos? Si tú no me necesitas para perpetuar la estirpe —respondió Timur con bastante vehemencia, y Angélica recordó que él no había tenido hijos en sus matrimonios anteriores. ¿Acaso tendría algún problema con eso? Tanto mejor. Ella no planeaba dar a luz, ya que eso arruinaría su esbelta figura. Siempre se podía adoptar.
—De acuerdo, me parece bien. ¿Cuándo planeamos la boda? —Angélica decidió dejar zanjadas todas las cuestiones de golpe.
—Primero el acuerdo prenupcial. ¿Quieres una boda? ¿De verdad la necesitas?
—No, la necesitas TÚ para demostrar tu grandeza, tu estatus y que eres un hombre de familia ejemplar. Si mal no recuerdo, es uno de los requisitos para ser director general —lanzó el anzuelo Angélica. Sabía manipular, y lo hacía con destreza. Vio cómo se iluminaban los ojos de Timur.
—Muy bien, habrá boda, pero el presupuesto será al cincuenta por ciento —sentenció Timur con firmeza.
—De acuerdo —respondió Angélica, aunque se mordía la lengua para no llamarlo «tacaño»...