Capítulo 12.1. Guapo y listo
Vlad y Sasha se disponían a salir a comer cuando se topocaron de frente con Angélica junto al ascensor.
— Ya he firmado tu renuncia, la orden oficial ya está tramitada. Espero no tener que verte tan a menudo por la oficina —le espetó Vlad a Angélica a modo de saludo, sin rodeos.
— Vlad, ¿dónde has dejado los modales? Se nota a leguas la influencia de esta chusca sin pedigrí —respondió Angélica, lanzando una pulla velada hacia Sasha.
— Vlad, echémonos a un lado un momento. La tía Angélica dice que tiene rabia —soltó Sasha al instante, sin cortarse un pelo. A ella no había quien le pisara el terreno, porque podías salir esquilado.
— ¡Serás alimaña verde!
— Habrá que poner a la tía en cuarentena por si muerde —añadió Sasha con una calma pasmosa.
— Angélica, haz el favor de marcharte. No quiero volver a verte por aquí —dijo Vlad, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantener la compostura.
— Pues te va a tocar aguantarme... —sonrió Angélica con suficiencia.
— Tú y yo teníamos un trato claro. Solo vendrás a las juntas de accionistas —le recordó Vlad de nuevo.
— Y a visitar a su prometido —intervino inesperadamente la voz de Timur a sus espaldas.
— A su amado prometido —corrigió Angélica con voz melosa y fingida, acercándose a Timur para rodearle el cuello con el brazo y plantarle un beso en la mejilla.
— Quedan cordialmente invitados a nuestra boda —anunció Timur.
— Vaya, veo que entre ustedes saltan chispas de puro amor —bromeó Vlad al percatarse de que, en cuanto Angélica le besó la mejilla, Timur se limpió el rostro disimuladamente y Angélica torció el gesto con repugnancia. Una pareja ideal, echa el uno para el otro.
— ¿Qué sabrás tú de amor? Timur es un hombre de verdad que me adora —retó Angélica.
— Claro que sí. ¿Qué otra razón habría para casarse con alguien que echa pestes por la boca? —se mofó Sasha—. Y vivieron no muy felices ni comieron perdices, hasta que se mataron el uno al otro en el mismo día.
Angélica amagó con responder, pero la pareja se coló en el ascensor, donde a ella ya no le quedó espacio debido a la cantidad de empleados que bajaban a almorzar fuera.
— Lo siento —murmuró Vlad, estrechando la mano de Sasha—. Si de verdad se casan, Angélica tendrá la excusa perfecta para dejarse caer por la oficina.
— Bah, Dios los cría y ellos se juntan. Dudo mucho que tengan una vida conyugal idílica —respondió Sasha cuando salieron del ascensor.
En ese momento sonó el teléfono de Sasha y contestó. Era la delegada de su grupo, que la llamaba para que se pasara por la universidad a recoger los documentos de la práctica de idiomas.
— De acuerdo, ¿estás por allí ahora? ¿Puedo ir ya mismo a recoger los papeles? —inquirió Sasha, mirando a Vlad, quien captó la indirecta al instante y asintió con la cabeza.
— Sí, las chicas están a punto de llegar. Estaré en la facultad como una hora más. Pásate —respondió la delegada.
— Estaré allí en... —dijo Sasha, mirando a Vlad, que le mostró siete dedos en el aire— ...en siete u ocho minutos.
— Perfecto, te espero —zanjó la chica.
— ¿Ponemos rumbo a tu universidad? —preguntó Vlad.
— Sí, no queda otra. Pero viene bien, así dejo tramitados todos los papeles de la práctica de una vez.
— ¿Me presentarás a tus compañeras de clase? —curioseó Vlad mientras ocupaba el asiento del conductor.
— ¡Ni hablar! ¡Lo que me faltaba, buscarme competencia! ¡Semejante maromo me lo quedo yo solita!
— ¿Conque soy un maromo? —se le iluminó el rostro a Vlad con una sonrisa de oreja a oreja.
— Bueno, cuando estás callado —le pinchó Sasha.
— Entonces besame para que siga siendo un guapo calladito —propuso Vlad, inclinándose hacia ella en busca de un beso.
— No nos va a dar tiempo.
— Nos dará tiempo a todo, te lo prometo —susurró Vlad antes de sellar los labios de su Malinka.
Como era de esperar, no cumplieron la promesa de los ocho minutos, y veinte minutos más tarde Sasha bajaba del coche de Vlad con los labios visiblemente encendidos.
— Aquí te espero. Y recuerda que tu guapo te aguarda justo aquí —le recordó Vlad desde la ventanilla.
— Entre un guapo y un listo, yo me quedaría con el listo —le provocó Sasha antes de alejarse del coche.
— ¿Me estás llamando tonto? —dedujo Vlad en broma.
— No, no me ha hecho falta elegir porque tú eres guapo, listo y un pelín narcisista, pero de eso último ya me encargaré yo de reajustarte las tuercas —respondió Sasha con un guiño antes de adentrarse en la universidad.
La chica resolvió todos sus trámites en un santiamén, recogió la documentación necesaria y salió a la calle junto a sus compañeras. Vlad la aguardaba apoyado en el coche. ¡Y hay que ver lo bien plantado que estaba! Se había quitado la americana y la corbata, quedándose en una camisa blanca impecable con las mangas remangadas hasta los codos. Un coche de alta gama, un hombre atractivo con gafas de sol y un reloj de lujo en la muñeca. En cuanto divisó a Sasha, le saludó con la mano. Estaba claro que había salido del coche a propósito para que el resto de las chicas se deleitaran con la vista.
— ¿A quién le hace señas ese bombón? —preguntó la delegada, al darse cuenta de que el desconocido les saludaba.
— A mí —respondió Sasha con orgullo desbordante.
— ¡Madre mía, qué guapo!
— ¿Nos lo presentas?
— Dijiste que tenías prisa, ¿no? —replicó Sasha y, tras despedirse de sus compañeras, caminó a paso firme hacia Vlad. Se acercó a él de forma totalmente demostrativa y le plantó un beso con decisión. ¡Que se mueran de envidia las chicas al ver semejante hombre a su lado!
— ¿Y a qué ha venido esa demostración? —preguntó Vlad en cuanto se acomodaron en el coche.
— ¿A qué te refieres? —hizo la despistada Sasha.
— ¿A la exhibición de que somos pareja?
— ¿Acaso no lo somos? —inquirió Sasha alzando una ceja.
— No del todo. Las parejas de verdad se besan mucho más —respondió Vlad con una pena totalmente impostada.
— Bueno, eso se puede solucionar —dijo Sasha.
En un parpadeo, Vlad la tomó en brazos y la sentó sobre su regazo para cansarse de besarla a placer. A ver si se creía ella que era la única que sabía manipular la situación. Él aprendía rápido.