Mujer de alquiler

Capítulo 12.4. El caballo y la yegua

Capítulo 12.4. El caballo y la yegua

Vlad y Alekséi llegaron a la posición de las chicas a paso ligero.
— Hola, mi amor —saludó Vlad, atravesando al desconocido con la mirada—. Es que no te puede dejar uno sola ni una hora porque enseguida se te pegan los pulpos.
El desconocido retiró de inmediato el brazo del hombro de Sasha, ya que Vlad había delimitado el territorio de forma tajante, estrechándola a ella entre sus brazos. Antón captó la mirada amenazante de Vlad y se echó un paso hacia atrás acercándose a Olya, aunque sin llegar a quitar la mano de su cintura.
— Hola, Olya. Qué alegría verte. ¿Se puede saber qué hace este pulpo pegado a ti? —repitió Alekséi calcando las palabras de Vlad.
— No es ningún pulpo, es un conocido mío. Se llama Antón —explicó Olya señalándolo con la mano mientras marcaba distancias para que él quitara las garras de su cintura—. Antón, te presento: ellos son Alekséi y Vlad.
— Vlad es el prometido de Sasha —aclaró Vladislav de inmediato, mientras su belleza de pelo verde se ahogaba de risa. ¡Menudo celoso empedernido le había tocado! Otero se quedaba corto a su lado.
— Y Alekséi es el prometido de Olya —soltó de golpe el hermano de Sasha, colocándose de cuña entre Antón y Olya.
— Pues la verdad es que Olya ni se ha enterado de la misa la mitad —respondió la chica.
— Es que yo... Yo estaba a punto, ¡si hasta he comprado el anillo! —mintió Alekséi a la desesperada.
— ¿Un anillo? —se sorprendió Olya.
— Sí, claro, lo que pasa es que lo tengo... bueno, en mi casa o por ahí —se desinfló el Pepinillo.
— ¡Apareció! —exclamó Vlad, metiéndole disimuladamente en la palma de la mano a Alekséi una cajita de terciopelo con el anillo que había comprado para Sasha. Tenía pensado dárselo antes de ir al restaurante el sábado, pero la elocuencia del Pepinillo requería medidas de emergencia.
— ¡Madre mía! Ajá... Sí... Exacto... Es este... —balbució el Pepinillo al abrir la cajita frente a Olya.
— A hinojos... —le susurró Vlad al oído. Alekséi, del susto, se dejó caer sobre ambas rodillas ante Olya y se le quedó mirando con los ojos desorbitados.
— Qué bonito es... —dijo Olya maravillada.
— Tan delicado... —sonrió Sasha mirando a Vlad. Ella lo entendía todo sin necesidad de explicaciones: su hermano jamás habría comprado un anillo de ese gusto.
— Te amo... —le iba soplando Vlad muy flojito con lo que tenía que decir en ese instante.
— ¿Y por qué a ti? —soltó Alekséi de golpe, mirando a Vlad con cara de póker—. Oye, que yo no soy de esa acera...
Todos rompieron a reír a carcajadas.
— Madre mía, hermano, eres único —decía Sasha limpiándose las lágrimas del descojone.
— No me desconcentren —pidió Alekséi al percatarse de que Antón seguía clavado allí como una estatua—. ¿Y tú qué miras tanto? ¡Lárgate de aquí!
— Lo siento, pero ya nos veremos en otra ocasión —dijo Olya para despedirse con educación de Antón.
— ¡De otras ocasiones nada de nada! —sentenció Alekséi con firmeza desbordante—. Olya, sabes perfectamente que te amo desde hace muchísimo tiempo y con locura. No sé hablar bonito, pero te aseguro que mis sentimientos son verdaderos y te querré hasta la muerte.
— Hombre, mejor quédate vivo —metió su baza Sasha, a lo que Vlad le echó una mirada de pocos amigos.
— Vale, ya me ha quedado claro, veo que aquí estorbo. Ya nos cruzaremos por ahí —admitió Antón dando media vuelta y alejándose, consciente de que allí no tenía nada que rascar.
— ¡Que no nos vamos a cruzar! —le gritó Alekséi a la espalda, aún hincado de rodillas.
— A ver, ¿esto es una declaración de amor o una propuesta de matrimonio? —inquirió Olya.
— Es una declaración y una propuesta de mi mano y... —volvió a quedarse en blanco Alekséi.
— De tu hígado —le sopló Sasha riéndose.
— No, el hígado te lo quedas tú, que bien que te apoltronas ahí —rechistó Alekséi—. ¡No me pises la manguera!

— De mi mano y mi corazón... —corrigió Vlad.
— ¡Eso! Una propuesta de mi mano, mi corazón, mi cerebro, mi pierna, mi bazo, mi riñón... Bueno, para que sepas que por ti no escatimo en nada —declaró Alekséi.
— Pero el hígado es mío —bromeó de nuevo Sasha.
— ¡Sasha, cállate ya! —la reprendió Vlad.
— ¿Pero yo qué he dicho?
— Que no me dejas decirle a Olya lo mucho que la amo, lo maravillosa, buena y lista que es. Si es que eres como el sol que llevo esperando y buscando solo para ver tu sonrisa. ¡Si hasta me metí a trabajar en la empresa de "Marido por horas" solo para verte todos los días y escuchar tu dulce voz! Y tu risa... No es ningún relincho de caballo como el de mi hermana, sino un tintineo de campanillas...
— ¿Relincho de caballo, dices? —repitió Sasha amenazante.
— Bueno, si yo soy el Caballo con abrigo, la mía es equina y la tuya de yegua —sostuvo Vlad, consciente de lo difícil que se le estaba haciendo el trance a Alekséi—. Y me encanta, porque somos de la misma cuadra. Don’t push the horses!
— Entonces, ¿te casarás conmigo? —preguntó Alekséi con los ojos llenos de esperanza.
— Sí, claro, aunque Sashka no relincha como un caballo. Como mucho, como una yegua —se rio Olya.
— ¿De verdad me dices que sí? —repitió Alekséi para cerciorarse.
— Sí —respondió Olya, y Alekséi se levantó de un salto, tomó a la chica en brazos y empezó a dar vueltas con ella en el aire.




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