APRENDER A DECIR ''NO''.
Aprender a decir no no consiste solamente en rechazar una petición.
Implica mucho más.
Implica aprender a establecer límites de manera consciente y comunicar esos límites con claridad y respeto.
Porque las personas que no saben poner límites, muchas veces terminan convirtiéndose en el objetivo perfecto de quienes buscan utilizarlas para su propio beneficio.
Les piden.
Les exigen.
Les cargan responsabilidades que no les corresponden.
Y ellas aceptan.
No porque quieran.
Sino porque tienen miedo.
Miedo a decepcionar.
Miedo al rechazo.
Miedo a generar un conflicto.
Miedo a dejar de encajar.
Y, poco a poco, el deseo de agradar a todos comienza a costarles demasiado.
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Vivimos en una sociedad donde encajar parece haberse convertido en una necesidad.
Queremos caer bien.
Queremos ser aceptadas.
Queremos que nadie piense mal de nosotras.
Queremos evitar discusiones.
Y, en ese intento de mantener a todos satisfechos, muchas mujeres terminan viviendo incómodas dentro de su propia vida.
Dicen "sí" cuando quieren decir "no".
Aceptan cuando quieren negarse.
Se quedan cuando quieren marcharse.
Dan cuando ya no tienen nada más que ofrecer.
Y después se preguntan por qué están agotadas.
A veces no estamos cansadas de ayudar.
Estamos cansadas de no saber cuándo dejar de hacerlo.
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Decir no también nace del carácter.
Hay mujeres que parecen haber nacido sabiendo establecer límites.
No tienen miedo de expresar lo que quieren.
Pero otras tienen que aprenderlo.
Y aprender a decir no puede ser uno de los procesos más difíciles de nuestra vida.
Porque cuando toda nuestra vida nos enseñaron a ser agradables, obedientes y comprensivas, comenzar a establecer límites puede hacernos sentir culpables.
Incluso cuando estamos haciendo algo completamente necesario.
Pero debemos entender algo:
decir no no te convierte en una mala persona.
Te convierte en una persona consciente de sus límites.
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Decir NO es una forma de delimitar hasta dónde estamos dispuestas a llegar.
Es decir:
"Hasta aquí."
"Esto no lo acepto."
"Esto no me hace bien."
"No puedo."
"No quiero."
"No estoy de acuerdo."
"Necesito tiempo."
"Necesito espacio."
Y no siempre tenemos que ofrecer una explicación interminable para justificar nuestros límites.
A veces un no es suficiente.
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Nuestros límites pueden existir en diferentes áreas de nuestra vida.
Pueden ser emocionales, cuando decidimos qué comportamientos estamos dispuestas a aceptar de otras personas.
Físicos, cuando establecemos qué contacto o acercamiento permitimos.
Económicos, cuando decidimos cuánto podemos dar, prestar o gastar sin perjudicarnos.
Morales, cuando defendemos nuestros principios incluso cuando otras personas no los comparten.
Y temporales, cuando entendemos que nuestro tiempo también tiene valor y no podemos estar disponibles para todo el mundo constantemente.
Porque sí:
nuestro tiempo también es nuestro.
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Muchas veces la dificultad de decir no nace del miedo.
Miedo al rechazo.
Miedo al conflicto.
Deseo de agradar.
Sentimiento de culpa.
Baja autoestima.
Inseguridad.
Y todas esas emociones pueden hacernos cuestionar decisiones que, en realidad, tenemos todo el derecho de tomar.
Nos preguntamos:
"¿Se molestará?"
"¿Qué pensará de mí?"
"¿Y si deja de hablarme?"
"¿Y si creen que soy egoísta?"
Pero quizá deberíamos comenzar a preguntarnos algo diferente:
¿Qué pasa conmigo si sigo diciendo que sí a todo aquello que me hace daño?
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Aprender a decir no también es aprender a elegir.
Porque cada vez que una persona dice "no" a una opción, está diciendo "sí" a otra.
Cuando dices no a algo que consume tu tiempo, estás diciendo sí a tu descanso.
Cuando dices no a una relación que te destruye, estás diciendo sí a tu bienestar.
Cuando dices no a algo que contradice tus valores, estás diciendo sí a tus principios.
Cuando dices no a una responsabilidad que no te corresponde, estás diciendo sí a tus propias prioridades.
Cuando dices no a aquello que te aleja de tus metas, estás diciendo sí a tu futuro.
Por eso, decir no no siempre significa rechazar.
A veces significa elegirte.
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Y debemos dejar de confundir límites con egoísmo.
Egoísmo es pensar únicamente en uno mismo sin considerar a los demás.
Un límite es reconocer que los demás importan, pero tú también.
Puedes amar a tu familia y no estar disponible todo el tiempo.
Puedes querer a tus amigos y no resolverles todos sus problemas.
Puedes amar a tu pareja y no permitir faltas de respeto.
Puedes ayudar a alguien sin permitir que convierta tu ayuda en una obligación.
Puedes ser generosa sin permitir que abusen de tu generosidad.
Puedes tener un corazón enorme y aun así tener una puerta.
Una puerta que no cualquiera puede atravesar.
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Porque una mujer que nunca dice no puede terminar olvidándose de sí misma.
Y no quiero que aprendamos a poner límites para volvernos frías.
Quiero que aprendamos a ponerlos para poder seguir siendo generosas sin destruirnos.
Para poder amar sin perdernos.
Ayudar sin agotarnos.
Perdonar sin permitir que vuelvan a lastimarnos.
Y estar para los demás sin dejar de estar para nosotras.
Porque también merecemos recibir aquello que constantemente ofrecemos.
Respeto.
Consideración.
Tiempo.
Comprensión.
Amor.
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Tal vez al principio decir no te haga sentir culpable.
Hazlo de todos modos.
Tal vez algunas personas se molesten cuando descubran que ya no pueden disponer de ti como antes.